ES TODO un espectáculo de altura. Son centenares los bailarines que danzan en el cielo del atardecer temprano de diciembre. Ignoro quién ha hecho la coreografía, ni quién ha compuesto la música. Pero es una actuación pasmosa y maravillosa. Se acercan, se alejan, se agrupan, se separan, se encogen, se estiran, desaparecen, regresan. Todo a un ritmo frenético, moviendo nerviosamente sus alas y planeando escasamente. Son bandadas de estorninos. No sé quien es el director del espectáculo ni quien guía sus movimientos, pero trazan en el escenario del cielo rapidísimos pasos de un espectacular ballet, que merece la pena contemplar. De pronto, como si alguien diese la orden de retirada, se precipitan sobre las copas de los árboles y desaparecen. Sus chillidos se mantienen hasta que deciden descansar. Las tracas del final del Xacobeo en Pontevedra (un despilfarro) despertaron súbitamente a los bailarines. Volaban despavoridos por el escenario de la noche. ¡Feliz 2005!