EL PASADO lunes la Comisión de Instituciones e Interior del Parlamento vasco aprobó la propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi gracias a la abstención de Batasuna. El proyecto, más conocido como Plan Ibarretxe, debe superar todavía la prueba del Pleno del Parlamento de Vitoria que se celebrará el próximo día 30. Necesita para ello la mayoría absoluta en la Cámara vasca, y tal cosa sólo es posible con el voto favorable de la ilegalizada Batasuna, que hasta ahora ha venido manifestando su oposición al Plan del lehendakari. Pero en cualquier caso, se apruebe o se rechace dicho Plan en el Parlamento vasco, el PNV parece tener bien diseñada su estrategia. En efecto, si el proyecto no consigue superar el trámite parlamentario, el PNV lo transformará en su plataforma político-electoral para las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo, y tratará de convertir los comicios en un plebiscito con el objetivo declarado de lograr una mayoría electoral absoluta y una hegemonía política a la que nunca antes se había aproximado. En el supuesto contrario; es decir, si el Plan Ibarretxe consigue el visto bueno del Parlamento vasco, los pasos posteriores están también milimétricamente previstos. En primer lugar, el apoyo de Batasuna favorecerá el trasvase de votos radicales a las candidaturas del PNV-EA, facilitando de este modo la mayoría absoluta nacionalista en las próximas elecciones. Una vez conseguido este objetivo, el nuevo Gobierno vasco presentará el Plan Ibarretxe ante el Congreso de los Diputados, y cuando éste, como es evidente, lo rechace se convocará un referéndum en el que se escenificará la confrontación entre Euskadi y el Estado y la escisión de la sociedad vasca entre nacionalistas y no nacionalistas, bajo la hegemonía de los primeros. En ambos supuestos, el PNV persigue la reunificación de todo el nacionalismo-disperso o escindido durante décadas en torno a un solo programa político y bajo su exclusiva dirección. Y desde esa unidad pretende asentar de forma irreversible la hegemonía nacionalista en el País Vasco. Hasta aquí la estrategia del PNV está clara. Dudo mucho, sin embargo, que los nacionalistas vascos tengan previsiones siquiera aproximadas acerca de lo que puede suceder después. Porque, aunque irrealizable, el Plan Ibarretxe y el proceso político que conlleva generará tal crispación --dentro y fuera de Euskadi- que las tensiones vividas con anterioridad -y han sido muchas y muy graves- nos parecerán un simple juego de niños, y, desde luego, pueden acarrear consecuencias imprevisibles e indeseadas que a todos nos alcancen. Al mismo tiempo, aunque muy debilitada, ETA sigue viva contaminando todo el proceso político, y la imposibilidad de concretar las propuestas políticas del lendakari -algo evidente incluso para el PNV- puede proporcionar a la banda terrorista la justificación y la coartada para intentar revitalizar la violencia. Por eso, antes de alumbrar situaciones indeseadas e irreversibles; antes de arriesgarse irresponsablemente a perder el control de su propia criatura, el PNV debería releer con mucha atención la historia de Frankenstein.