CONDENADA a su cierre la comisión parlamentaria del 11-M una vez reducida al ridículo por la comparecencia de las asociaciones de víctimas, poca ganancia parece haber sacado la oposición de su iniciativa (recuérdese que la comisión fue creada a instancias del Partido Popular) si a las encuestas publicadas en los últimos días hay que atender. No sé si el magro resultado hará reflexionar a Mariano Rajoy hasta el extremo de que acabe reconociendo que por el camino emprendido ni él ni su partido pueden salir de donde están en una larga temporada, que en política se mide por legislaturas. El «estilo Aznar» dejó a Zapatero las cosas a huevo , si se me permite la expresión; hasta el punto de que han bastado media docena de fotos (la del Senado con los 17 presidentes autonómicos; la del abrazo a Chirac y Schröder; la que aparece junto a Bono en el centro de una marea caqui después de cesar a casi todos cuantos tuvieron que ver con la chapucera torpeza del Yak-42 ...) para que el presidente del Gobierno que se encontró con una inesperada victoria electoral le saque a Rajoy a estas alturas del «partido» una ventaja que no había soñado en su vida. Así que el problema para Rajoy es monumental, entre otras razones porque la «cara» del Partido Popular sigue siendo la del 11-M. Y cada vez que aparece Acebes aparece el ministro del Interior del 11 y del 12 y del 13 de marzo privilegiando la sospecha de ETA mientras se acumulaban las pruebas de los islamistas; y cuando aparece Zaplana aparece el portavoz del gobierno del 11 y del 12 y del 13 de marzo en la misma dirección... Tener este lastre en que se han convertido quienes fueron dos excelentes ministros del Gobierno de Aznar, se me antoja en este momento y con la que está cayendo poco menos que insuperable. Lo malo es que me temo que el lastre no son Acebes y Zaplana, sino el propio ex presidente y sobre todo su entorno que tienen maniatado a Mariano Rajoy. De otro modo no puedo explicarme la falta de cintura del jefe de la oposición, que desperdició una ocasión de oro en la comparecencia de las víctimas del terrorismo para ser él el portavoz del Partido Popular y dar, por fin, una satisfacción a los millones de españoles que, a pesar de la nefasta política de comunicación del 11 al 14 de marzo, acudieron a votar al PP.