Una asignatura pendiente

OPINIÓN

EL PARLAMENTO Europeo, voz soberana de esta Unión de veinticinco naciones, manifestó la semana pasada, con un voto favorable de dos tercios, su apoyo al inicio de las negociaciones para la futura incorporación de Turquía. La reunión posterior con el primer ministro turco acabó por premiar los esfuerzos que los sucesivos gobiernos han desarrollado para acercarse a sus vecinos del norte desde hace más de cuarenta años. Convertido en el único estado laico de la órbita musulmana, tapón entre Europa y Asia, contrapeso secular al otro gran imperio musulmán: Irán busca una posición de preeminencia sin dejar de mantener el equilibrio propio de una geografía puente. Consciente de que el Occidente cristiano y capitalista no sólo goza del máximo bienestar económico, paz política y progreso social de este planeta, sino que, además, en su versión europea está alcanzando cotas de poder inauditas en toda su historia ha decidido subirse a su carro esgrimiendo la pequeña parcela de territorio que posee en el continente. Los europeos, preocupados en mantener contento a un aliado en su frontera sur e interesados en su potencial mercado de sesenta millones de almas, le han ido dando esperanzas sin dejar de exigirle un gran esfuerzo para cumplir los criterios de convergencia. Turquía no ha cedido al desaliento y ha trabajado para alcanzar su objetivo en casi todas las áreas. Sin embargo, el capítulo del respeto de los derechos y libertades del individuo sigue siendo una asignatura de difícil si no imposible aprobación permitiéndonos dudar de que sus deseos puedan hacerse realidad. El Gobierno de Ankara todavía no ha reconocido oficialmente la existencia de los kurdos como nación. Si los parlamentarios europeos tomaran alguna de las deterioradas carreteras que conducen a las montañas del suroeste se darían cuenta de la marginación económica y social a la que está sometida una tierra rica en recursos naturales: unas montañas inexpugnables en las que sólo pueden habitar los rudos e indómitos kurdos aferrados a su tradición, su idioma y su historia, y quienes, a pesar de la «nueva imagen» del Gobierno de Ankara, siguen siendo acorralados, perseguidos y masacrados por el ejército turco.