CIRCUNSCRIPCIÓN única para el territorio de Cataluña. Eso pretende el Gobierno de esa comunidad para próximas elecciones autonómicas. Los socios del tripartito deciden modificar la ley electoral desde el Parlamento catalán en el marco de su autonomía, lo justifican basándose en principios de proporcionalidad, territorialidad y equidad de géneros; aquí, exigiendo igual número de hombres y mujeres concurrentes como candidatos. Mala noticia para el futuro de la provincia como circunscripción electoral. Si ya hoy, los cargos electos, después de haber logrado su acta de diputados, se olvidan de los ciudadanos a los que representan y son meros escribas y amanuenses del partido bajo cuyas siglas, en lista cerrada, han concurrido, imagínense lo que deparará el futuro para pequeños territorios, hasta hoy provincias, como Teruel (¡también existen!). Me parece bien lo de la igualdad de géneros, pronto será obvio, por la imparable superioridad numérica de las mujeres en muchas profesiones universitarias. Casi no me creen cuando digo que en la Facultad de Medicina de la Complutense de Madrid, en el mítico 68, las mujeres sólo eran un tercio del alumnado. Hoy, en los hospitales, la situación ha dado la vuelta. Pero la asignatura sobre el Parlamento que requiere la democracia está por aprobar. Astarloa, brillante parlamentario del PP, antes letrado mayor del Parlamento vasco y del Congreso de los Diputados en Madrid, ha vuelto a señalar que el poder legislativo está cautivo de la mala práctica partidaria. Hay gentes que no saben del triple papel que corresponde al Parlamento. Control del Gobierno. Dar voz y voto a la provincia, actual circunscripción. Hacer las leyes, que la judicatura velará por su cumplimiento. Por lo tanto, en los parlamentos deberíamos tener cuidado para que estén los mejores, para mejor proveernos de leyes; se defiendan los intereses de todos los territorios, grandes y pequeños; y se obligue al Gobierno a explicar su conducta. Pero temo que se persigan otros objetivos: única circunscripción, para mejor y cómodo control de los partidos, grandes y poderosos, sobre el sistema, y así bastará que dediquen sus energías a las grandes urbes; listas cerradas con candidatos adictos al partido; y parlamentarios cuya actuación, para justificar proyectos de ley, consistirá en leer lo que le escriban los expertos del Gobierno.