LEO EN La Voz que el Gobierno creará para los niños unas «franjas de programación protegidas» en la televisión, que irán de cinco de la tarde a diez de la noche. De esas franjas se excluirán lo que el ejecutivo define bellamente como «relaciones afectivo-sentimentales con manifestaciones sexuales explícitas». Se excluirán también la violencia, el lenguaje insultante, el alcohol, el tabaco, las drogas y, en definitiva, todas esas cosas que los niños ya conocen a través de la escuela y la calle. No sé si me parece bien o mal (da lo mismo: desgraciadamente, la ética no se puede aplicar con un código y ésta no va a ser, seguramente, la excepción). Me quedo con lo de que el Gobierno quiera que los niños vean la televisión de cinco a diez. ¿Cinco horas? ¿No es esto mucho pedir a los pobres niños? Me los imagino llegando a casa después de su ya devastadora jornada escolar, obligados a cinco horas más de aburrimiento por orden del Gobierno Zapatero. En fin. Dejémoslo en que está bien que el ejecutivo haya decidido proteger más a los niños. Incluso aunque de momento se contente con protegerlos más donde menos peligro corren, que es ante el televisor. Porque, de hecho, si los niños ven tanta televisión es precisamente por eso: porque sus padres creen (o saben) que ahí están más seguros que en la calle, o en el parque. Dejarlos delante de la pantalla es, más o menos, como inducirlos a un estado de hipnosis para que no sientan deseos de correr, de jugar, y de meterse en líos; es decir, para que no sientan deseos de ser niños. Por eso tenía su lógica que lo que se les ofreciese fuese una programación adulta, la única que podía interesarles lo suficiente como alternativa a la programación espontánea en que consiste la vida de un niño al que dejan en paz. Al niño no le divierten apenas los programas educativos (para eso ya está el colegio), y no le entretiene ver a otros hacer cosas que sólo son divertidas cuando las hace uno mismo. Si ha de estarse quieto y comportarse como un adulto habrá que ofrecerle lo que fascina al adulto: acción, sentimientos desaforados, riesgo físico y económico, descalificaciones personales... Es decir, lo que se conoce como televisión basura. Pero, por lo visto, la alternativa, dejar la televisión a los adultos y el mundo a los niños, es demasiado complicada. Más fácil esto de las franjas horarias.