Problema de Estado

OPINIÓN

CUALQUIER tiempo pasado fue mejor. Me refiero a la construcción de acuerdos entre Gobierno y oposición en materia de problemas de Estado, tanto para asuntos externos como internos del país. La situación actual en España, tras las elecciones del 14-M, es de crispación generalizada y conflicto permanente. No es bueno. No es conveniente para la confianza del ciudadano en el sistema que administra el poder. No aporta fortaleza para avanzar. Quizá por mi trayectoria, lo que más me preocupa de la situación de las cuestiones políticas que afectan al funcionamiento del Estado para garantizar derechos fundamentales y sociales es el desacuerdo llevado al enfrentamiento total en materia de terrorismo. Los problemas de Estado requieren soluciones de Estado, entendiendo por tal el espacio que se debe construir entre Gobierno y oposición para tener un punto de encuentro que posibilite la fortaleza del sistema para garantizar los derechos fundamentales frente al fenómeno del terrorismo. Contra ETA nos pusimos de acuerdo y así hemos avanzado hacia el control del problema. Pero, tras el 11-M la desconfianza en la utilización del terrorismo se ha instalado en las relaciones entre partidos políticos, incluso se traslada a la sociedad, a la que tantas veces hemos recurrido para movilizaciones que dieran fe de la cultura popular frente a los que justificaban la conducta violenta como instrumento al servicio de un determinado credo político. Contra el terrorismo islámico tenemos razones para sospechar que no estamos preparados para prevenir sus ataques, y eso es responsabilidad de todos, no sólo del Gobierno de turno. Se trata de un fenómeno nuevo, con un terrorista cuyas convicciones lo llevan a matar y morir por la causa. Son gentes que habitan entre nosotros, muchos son silentes y normales, hasta que descubrimos sus creencias y disposiciones. ¡Quién nos lo iba a decir, si sólo ETA era capaz de hacernos temer por nuestras vidas! Es urgente volver a diferenciar problemas partidarios y problemas del Estado. En los primeros es lícito que cada partido tenga su alternativa y la presente en colisión con la de otros. En materia de terrorismo resulta imprescindible estar todos en el mismo bando, compartir, apoyar, facilitar el trabajo de los expertos, producir los mismos mensajes a la sociedad que teme lo fácil que resulta matar indiscriminadamente.