La Constitución, su libertad y su orden

OPINIÓN

OTRA VEZ andan los etarras -a su manera- celebrando la Constitución. Primero en Madrid, donde provocaron un caos circulatorio que hizo patente su presencia. Y después en Almería, donde el descubrimiento casual de otro petardo adelantó la traca que tenían preparada para hoy. Pero otra vez andamos nosotros, también, haciendo el eco a su discurso, buscando cómplices que ayuden a cuadrar las diatribas más rancias, interpretando torticeramente la «Euzkadi post-ETA» de la que habla el lendakari, y peleando con el diccionario para ver quién gana el concurso nacional de descalificaciones. Claro que todo lo hacemos bajo la vigilancia de ese gran hermano que ha decidido que ya no queda nada por hacer, que no nos hemos equivocado en nada, y que sólo falta esperar a que la historia se avenga con nuestras previsiones. No seré yo quien ose matizar lo que parece estar fijado al gusto de la parroquia. Pero sí me interesa aprovechar este día para recordar que la lógica sigue existiendo, y que las contradicciones no se convalidan con buenas intenciones. Y por eso es necesario que los españoles decidamos si vamos a tratar a ETA como los criminales que son, sin matices políticos, o si vamos a mantener el error de llenarlos de insultos mientras elevamos los hechos por encima de su verdadera dimensión criminal. Si los etarras son algo más que criminales, sería lógico explorar las formas de desactivación que todavía no se han iniciado, tratando de que un problema que anda en sus boqueadas pueda cerrar su ciclo sin una traca final de sangre y lágrimas. Pero si sólo son criminales, como piensa la mayoría, tendremos que empezar a aplicar la igualdad constitucional a todos los que sufren violencia, para decir, por ejemplo, que el asesinato de un niño en Marbella clama al cielo con más dramatismo que el enredo maldito de petardos y condenas. La paz constitucional también necesita contrastarse con las mafias que chulean a la policía, con la droga que entra por toneladas, con los inmigrantes que se ahogan en los mares, con las mujeres que se venden como mercancías, y con tantas otras cosas que ya representan un problema de orden público más grave que lo que ETA viene siendo en los últimos años. Una focalización tan excesiva como la que afecta al problema etarra puede funcionar como una venda puesta sobre los ojos de la ciudadanía. Y por eso, aunque a la propaganda oficial sólo le gusta la canción de Prietas las filas , quiero preguntar por qué se murió un niño en Marbella, y qué puede hacer la Constitución para librarnos de la criminalidad que no favorece la adhesión al sistema. Porque la libertad y el orden son tan indivisibles como inalienables.