FIJAOS qué detalle: hace meses, España era un lamento porque no había debate político. Hoy, podemos leer artículos que se quejan de tanto debate en la tele. Es más: un analista se quejaba ayer mismo de que los ministros acuden a esos escenarios como «tertulianos» de programas del corazón. Vamos, que Miguel Ángel Moratinos sería el Coto Matamoros de la política, y Rodríguez Ibarra la reencarnación de Jesús Mariñas. Otro pequeño detalle: los «grandes» asuntos que hoy se discuten y que han dominado esta semana entre políticos y adyacentes no han surgido en un Parlamento que sigue mostrando escaños vacíos y lentitud. Son argumentos escuchados en programas de televisión. Lo de Aznar y el golpe de estado de Venezuela surgió en 59 segundos . La idea de Ibarra de dar un ultimátum a ETA se dijo en Las cerezas . Si a estas pequeñas notas añadimos que hay un escenario permanente de discusión en las tertulias radiofónicas, hemos de convenir que el debate puede ser excesivo, no lo sé; pero, desde luego, se ha desplazado desde su lugar natural, el Parlamento, hacia los medios de comunicación. Es un signo distintivo de este tiempo. Y algo más significativo: mientras en esos medios se discuten ideas, el Parlamento sí que se convierte en la réplica política de los programas del corazón. No hay más que ver lo ocurrido el miércoles: la sesión se ha convertido en un «tú más», donde el público (del PP) llamaba «cobarde» al presidente, al estilo del público de Crónicas marcianas , y otro público (del PSOE) le gritaba a Acebes, como si fuera el padre Apeles: «Quítate la sotana». Algún día veremos que se meten cámaras ocultas en los despachos de los grupos parlamentarios. Hay otro detalle llamativo en esta pugna mediático-parlamentaria: las audiencias. Julia Otero dio un pelotazo al conseguir reunir en el mismo plató a Carod-Rovira y Rodríguez Ibarra. «Un puntazo», que decimos en nuestra jerga. ¿Saben qué audiencia ha tenido? Un 13,3 por ciento. Lo muy importante no es interesante para esta sociedad más proclive a escuchar a Patiño y Marchante que a Carod-Rovira. En cambio, 59 segundos va camino de convertirse en programa estrella. La gente se queja de que no permite desarrollar una idea; que un minuto es insuficiente para sostener una tesis; que eso no es un debate, sino un espectáculo de chispazos. Acabáramos: eso es lo que quiere el personal. ¿Ideas? ¿Para qué? Las ideas te hacen pensar. Lo que queremos son imágenes y titulares. Y si vienen con algo de gresca, al estilo Lecquio y Matamoros, mejor. No nos alarmemos: siempre ocurrió así. Lo más recordado de Aznar no es su filosofía liberal. Son dos frases de tres palabras: «Váyase, señor González» y «España va bien».