Celebridades con poco que celebrar

| RAMÓN BALTAR |

OPINIÓN

DEMASIADOS altos servidores públicos demuestran con sus dichos y hechos mal medidos lo fácil que es llegar a responsabilidades que exigen buena preparación y madurez de juicio. Las últimas entregas no pueden archivarse sin más. La palma de plata se la ganó el líder de ERC proponiendo que el Congreso rebajara la asignación de la Casa Real hasta igualarla con el sueldo del presidente del Gobierno. Está muy puesto en razón que el Rey disponga de recursos bastantes para desempeñar sus funciones con desahogo, y fuera de toda razón obligarle por ejemplaridad a salir de vacaciones en caravana prestada y a regatear el precio de los pasteles para el bautizo de los infantes. A estos efectos, poco monta que el Jefe del Estado sea cargo hereditario o elegido por urna. La de oro debe ir para las vitrinas del PNV, que han acordado pedir el voto afirmativo para el Tratado de Constitución Europea. Decisión preñada de congruencia: no están de acuerdo con la Constitución Española porque no les dio lo que desean y sin embargo apoyan otra que ni siquiera reconoce su existencia. Pero felicitémonos al menos de una cosa: por una vez los nacionalistas vascos no reclaman soberanía para decidir por su cuenta y nuestro riesgo. Una medalla de brillantes piden los magistrados que entendieron en el casón de los fondos reservados. Los mismos dineros que no pudieron probar que el acusado malversara dieron por probado que habían ido a la caja de su suegro, de ahí que le decomisen las propiedades. Una novedosa figura jurídica: la responsabilidad subsidiaria por parentesco político . Mención especial merece el entrenador de la selección de fútbol, cuyos castizos métodos de estimulación verbal por contraste cromático terminaron por convertir un partido amistoso en una batalla supracampal.