DE NIÑOS, nos acostumbraron a decir que sí aunque quisiéramos decir que no. Por ejemplo, la abuela Ángela nos ofrecía bombones rellenos de licor que a nosotros, naturalmente, no nos gustaban (nunca entendí quién los fabrica ni con qué propósito: no le gustan a nadie en todo el mundo). Pero teníamos que decir que sí. «Los metes en el bolsillo y luego se los regalas a alguien», decía mi madre. Ese alguien también decía que sí por compromiso, y luego se los pasaba a otro y ese a otro, y así andaban estos bombones recorriendo el mundo como la falsa moneda de la copla «de mano en mano» y sin que nadie se los quedase. Esto viene a que puedo entender que al Bloque no le guste la Constitución europea. O, mejor dicho, podría entenderlo si la hubiese leído. Lo que no entiendo es que haya decidido votar que no, porque una cosa es estar en contra de algo y otra muy distinta decirle que no a ese algo. La política, como por ejemplo pasa con el amor, suele expresarse con monosílabos ( sí o no ) pero, tanto en la política como en el amor, el monosílabo quiere decir muy poco. Ya escribía el poeta lugués Carlos Casanova, en un verso muy citado, que «un no es un sí de otra manera» y por eso también Cunqueiro tituló un volumen de poesía amorosa Poemas do si e do non , porque le parecía que, según los casos, estos eran intercambiables. Entre el sí y el no , el Bloque (con la oposición de muchos de sus militantes) parece que va a quedarse con el no , justo la palabra que más daño le ha hecho en toda su historia, cuando lo patriótico, lo genuinamente gallego hubiese sido decir quizás o veremos o simplemente encogerse de hombros. El referéndum, con sus disyuntivas perentorias, es un género del ejercicio de la voluntad popular que nunca se ha dado bien en Galicia, y es por eso: porque ser gallego, como ser cartesiano, consiste en gran parte en dudar de todo. Ser gallego es ni más ni menos que una forma natural de agnosticismo. ¿Qué la Constitución europea es mala? Bueno, ¿y qué? ¿Alguien cree sinceramente que va a haber algo que no habría igual sin ella? Es una ingenuidad creer que las leyes provocan los cambios, son los cambios los que provocan las leyes. Por eso no hay que preocuparse tanto por ellas. No es ahí donde se pelea por los intereses de Galicia, pienso humildemente, sino en el parlamento de Europa; no en el sí ni el no, sino en el quizás y en el veremos.