VEO NADA o muy poco la que empezó por ser tachada de caja tonta y ahora en buena parte de sus canales, programas y horas de emisión hace verdaderos y muy eficaces esfuerzos para ser sinónimo de la ramplonería al galope. Una ramplonería que arrasa todo cuanto límite se topa, de tal manera que lo que empieza molestando por incorrecto o insolente acaba siendo la rutina aceptable y obliga a los peritos del share a discurrir mierdas nuevas o a cargar las tintas y las frecuencias en las mierdas ya habituales. He oído que al Gran Ventilador de la Mierda empieza a fallarle la audiencia y, como no me ilusiono con imaginar que su público esté de vuelta e indigesto, tengo que hacer muchos esfuerzos para imaginar con qué novedad le pueden comer el terreno todos los eruditos y heraldos de cuernos y entrepiernas a los que él les llevaba, dicen, años-luz de ventaja y maestría. Hace un par de días tenía que ver el teletexto de TVE y, sin yo merecérmelo, se me obsequió con una exhibición de la más sofisticada Neurocirugía, nada menos que un piercing penal o penoso, es decir, la instalación de un bonito pendiente en el órgano principal de un maromo. La operación de marras pertenecía antes (y todavía hoy para algunos pacientes) al campo de la Urología, pero cuando yo hablo de que ahora es Neurocirugía porque afecta al órgano principal, al órgano rector y pensante, sé muy bien lo que me digo y ustedes me entienden a las mil maravillas. El órgano del maromo quedó notablemente embellecido y supongo que habrá mejorado sus expectativas y capacidades, aunque es muy posible que este supositorio me lo haga yo solamente para espantarme la grima de ver al furador furando fura que te fura hasta que la joya menor apareció al otro lado de la joya mayor y ya furada . Grima inútil la mía porque, además de no ser yo ni sujeto paciente ni paciente sujeto de la carnosa tropelía, resultaba evidente que el maromo tenía anestesia local, pero la merecía de importación, porque no sólo se dejó hacer sin gemir un pío, sino que hasta tenía una sonrisa pilla, de regodeo en ver todavía más ennoblecidas sus partes nobles, que en opinión del equipo médico habitual enseguidita estarían para el trote cotidiano a fulispín , que dicen nuestros marineros de las rías en su pichinglis . Me libro bien librado de la telebasura y los canales privados pueden excretar toda cuanta basura les sea rentable, que no caeré yo en hacerles eco ni audiencia. Pero TVE es empresa pública, con mis impuestos se permite un déficit horrendo en mamandurrias, descontroles y vulgaridades como la que comento y protesto. Vivo refugiado en canales de documentación, cine, turismo, historia, naturaleza, etcétera, y, al toparme con aquella zafia pirolotecnia, lamenté que no hubiese alguna interferencia de canales y desde el de National Geographic viniese una mantis religiosa, la que se come a los machos, a comerse al perforado «por do más pecado había», que dice el Romancero.