Que lo entreguen a Roldán

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

A ZAPATERO no le crecen los enanos. Le resucitan los muertos. Cuando daba por difunto a Bush, el presidente americano se levanta y resulta el más votado de la historia. Cuando doblaban las campanas por el entramado de ETA, quince mil personas dieron vivas a esta banda criminal. Y ahora aparece el «difunto» Paesa. Seis años después de su esquela mortuoria -la única esquela que fue leída por todos con una sonrisa-, don Francisco se conserva bien. Incorrupto, dicho sea en términos corporales, no de su cuenta corriente. Sin rastros de mortaja. Podría responder como Matías Prats, cuando un taxista lo confundió con Boby Deglané y le preguntó cómo estaba: «Estupendamente, si tenemos en cuenta que hace seis años que me he muerto». El espía, confidente, diplomático y presunto estafador no estaba en Tailandia, donde falleció. Por algún milagro de anticipación de lo que nos ocurrirá a todos para el Juicio Final, recuperó los mismos cuerpo y alma que tenía y apareció ahí al lado, en Luxemburgo. Nada de exotismos lejanos. Paesa siempre tuvo un espíritu muy europeo. Ni siquiera se hizo, como El Lobo , una operación de cirugía estética. Ni se dejó bigote o barba, para despistar. Está muy natural, como en su vida anterior, y así se deja ver en las fotos. ¿Para qué iba a cambiar su cara? No parece que lo buscara nadie: ni la policía ni los agentes del Servicio de Inteligencia. Su resurrección plantea un sinfín de problemas de todo tipo, como nos demostraron los hechos que siguieron a la gran noticia. Los resumo en cuatro. El primero es algo misterioso, pero de él arranca todo: averiguar por qué lo descubren unos detectives y un periódico, y no la Interpol. El segundo se refiere al Gobierno. Entretenido como está en resolver pleitos con Carod, nunca había pensado en Paesa, e ignora si hay causas pendientes contra él: hay que mirar en los archivos. El tercero es un grave asunto para teólogos: se trata de aclarar si las misas gregorianas que se dijeron por su alma en 1998 tendrán efectos de futuro, cuando haya cadáver efectivo, o prescriben como las deudas tributarias o las causas judiciales. Y el cuarto es qué hacer con él, si a la vista de lo publicado sigue viviendo en Luxemburgo y no decidió volver a pasar a mejor vida. Brindo una solución a los ministros de Justicia o Interior, que ignoro a qué Departamento corresponden estos modernos modos de la Santa Compaña: que lo entreguen a Roldán con una cámara oculta de ésas que utilizan en la telebasura. Será la única forma de saber cómo se han administrado los miles de millones que Roldán dice haber entregado al ex difunto. Daría el mismo fruto que con Paesa extraviado: no veríamos un duro. Pero nos íbamos a divertir.