CUANDO se produjo el bombazo del 11-M muchos trataron de ver cuáles serían sus beneficiarios, además del PSOE: Marruecos, Francia, ETA y el terrorismo en general, al demostrar su capacidad para influir en los países democráticos, los nacionalistas y, con ellos, el poder económico y financiero catalán, que aprovecha para ocupar nuevas posiciones estratégicas cuando el Gobierno de España se encuentra en minoría parlamentaria. Pero no se pensaba que uno de los beneficiarios del vuelco electoral del 14-M contra el PP fuera a ser paradójicamente un Manuel Fraga que está aprovechando el debilitamiento del PP nacional para seguir, ahora con todo desparpajo, con lo que venía siendo su norma de conducta, atemperada durante la era Aznar: hacer de su capa un sayo. ¿Hay alguien capaz de disciplinar al político de Vilalba? Sigue la crisis en el PP gallego, cosa que ocurre cuando lo viejo no termina de desaparecer y lo nuevo no acaba de manifestarse en toda su potencialidad. Muchos aficionados a la literatura entendieron el desembarco de Alberto Núñez Feijoo a El corazón de las tinieblas gallego como una cabeza de puente para la toma de posiciones estratégicas del antes respetado PP «de Madrid», a fin de controlar, o al menos paliar, ciertos excesos del coronel Kurz, considerado ya dentro del partido mucho más como problema que como solución. Y, en efecto, aún pudiera ser un personaje importante en la futura renovación del partido conservador en Galicia, en armonía con el resto de España. Pero con un Fraga al que no le importa abrir una nueva crisis, el futuro del PP en Galicia, al menos entre los votantes jóvenes, urbanos e ilustrados, está cada vez más comprometido. Una pena para las ideas que debería representar.