LOS NACIONALISTAS catalanes arguyen, para que se aprueben sus selecciones deportivas, que en Gran Bretaña participan en competiciones internacionales de fútbol cuatro selecciones: Escocia, Irlanda del Norte, País de Gales e Inglaterra. Se olvidan de dos detalles. Primero, que las federaciones de aquéllas fueron miembros fundadores de la FIFA y que adquirieron ese derecho, algo parecido a lo que ocurrió al crearse las Naciones Unidas con las grandes potencias, que tuvieron derecho de veto. El segundo detalle, y más importante, es que tanto Escocia, País de Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte tienen competiciones propias e independientes. ¿Se arriesgaría Cataluña, a cambio de tener selección nacional de fútbol, a tener una liga propia? No iba a ser muy entretenida, ciertamente, además de ruinosa en lo económico, una competición entre el Barcelona, Espanyol, Tarragona, Lleida y Girona. Y en el País Vasco algo parecido con el Athletic Bilbao, Real Sociedad, Eibar, Baracaldo y Alavés. Además, si ello se autorizase, el mismo derecho tendrían otras muchas regiones europeas, de Baviera a Bretaña. El criterio actual, tanto en lo político como en lo deportivo, tiende a unir, no a disgregar.