TRANSCURRÍAN las primeras horas de la noche. Las luces de la ciudad se prolongaban sobre la bahía coruñesa hacia el otro lado del pequeño mar. Recostados sobre un sillón blanco de mimbre, mi amigo y yo hundíamos la mirada en los reflejos marinos y en los haces de luz. De pronto mi amigo dice: «Pienso que Galicia está descolocada». Y sobre esta idea que a mí me pareció sugerente como encabezamiento de este artículo, le pedí que expusiera sus razones para tan contundente frase. Y empezó a hablar; de lo cercano a lo más lejano, como si retomara el cauce luminoso de los reflejos marinos. Empezó hablando de la falta de inversiones de la Xunta en la comarca de La Coruña en comparación con las demás ciudades gallegas, y de cómo esta carencia de infraestructuras y servicios estaba perjudicando seriamente a sus empresas y a su propio ciclo diario. Su ciudad estaba descolocada. Después reparó en la situación del partido que gobierna en Galicia, de un partido al que siempre había votado, pero que ya no sabía qué hacer. Estaba políticamente descolocado porque no encontraba una alternativa eficaz de recambio. Anhelaba por eso una opción que proyectara de otra manera los intereses de Galicia. Una tercera razón agregó a las anteriores. «Galicia también está descolocada en Madrid». Y seguía. «No tenemos quien nos defienda, quien reclame nuestros intereses de una manera eficaz». Y concluía: «Por estas razones veo a mi ciudad descolocada en Galicia, a la misma Galicia descolocada en España y también totalmente descolocada internamente». ¿Pero?... El desánimo parecía asomarse en sus palabras, pero su curtida animosidad dio paso a una carcajada sonora. En una situación como esta acudir al humor es el mejor antídoto. Y mi amigo suele manifestar sus humoradas con abiertas risotadas. Tenía razón en hacerlo así, Hasta aquí mi transcripción de la conversación. Por mi parte lo que me causó desánimo es que una persona como mi amigo llegara a pensar que Galicia está descolocada. Posiblemente otros muchos piensen lo mismo, y yo mismo estoy a punto de hacerlo, aunque mi pensamiento incide más en la falta de propuestas innovadoras, creativas y convincentes, en la carencia de un proyecto propio para el siglo XXI. Creo que mi amigo tiene razón: Galicia está descolocada, y lo está porque el lugar en que hasta hace poco se situaba ha quedado vacío. ¡Y menos mal, que aún no terminó el Xacobeo! Que viene a ser como el santo y seña que llena nuestras preocupantes oquedades: pero le queda ya muy poco para llegar a su fin. Me viene, al escribir, un trabalenguas a la mente. «Galicia está descolocada, el colocador que la coloque será un buen colocador». El problema es que hay demasiados descolocadores para muy pocos colocadores, y por encima muchos de esos posibles colocadores están descolocados o desconectados de la colocación. En fin, un descuelgue total. Por eso, para mí, Galicia, además de estar descolocada, está descolgada de sí misma. Y esto me parece mucho más grave que el descoloque. Aunque los reflejos sigan colgados de sus respectivas luces hasta que éstas se apaguen.