Campaña de imagen

OPINIÓN

EL PARTIDO Popular de Galicia precisaba de una campaña de imagen. Después de la insurrección de los ourensanos y de los vaivenes del congreso regional, don Manuel sabía que lo que le convenía al partido era una intensa campaña de márketing. Para dar a conocer sus excelencias y la cohesión y fortaleza del equipo dirigente elegido en el congreso regional. Así y no de otra forma hay que ver y, por tanto analizar, el ajetreado martes que los populares gallegos vivieron y que se cerró con una visita precipitada de Rajoy a Compostela, con la única finalidad de dar su visto bueno al spot publicitario sobre el buen entendimiento, la unión y la coherencia de quienes nos gobiernan. Rajoy vino a Santiago para comentar cuestiones de escasa trascendencia porque en líneas generales los populares gallegos siguen siendo lo que fueron siempre. Una piña. Un equipo compacto en torno a la indiscutible figura de don Manuel y con la única obsesión de una Galicia mejor. Don Manuel nos viene diciendo que aquí no hay crisis. Por mucho que nos empeñemos unos cuantos. Aquí no hay crisis. Y habrá que creerlo porque para eso es el presidente. Pero confesamos sentirnos incapaces de saber cómo se le denomina entonces a la dimisión, o amenaza de dimisión que es lo mismo, de un vicepresidente llamado a la sucesión y cuatro conselleiros. No sabemos cómo hay que bautizar a la más grave crisis de gobierno de la última década. Desconocemos cómo pueden calificarse las trifulcas en las que se han instalado los populares. Ignoramos cómo hay que llamar al sainete que protagonizan. Y tampoco acertamos a definir la parálisis que padece Galicia, embelesados como están en la gresca permanente y olvidando sus obligaciones de gobierno. Pero sobre todo, somos incapaces de adivinar qué hemos hecho para merecernos esto.