Oriente Medio y las elecciones en EE. UU.

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

LAS ELECCIONES en EE. UU. levantan casi más interés fuera que dentro del gran país americano, donde la abstención suele ser la opción netamente ganadora. No sólo en Europa, sino en Oriente Medio, muchos estaremos atentos a ver qué pasa tras el próximo martes. Y aún antes, si sucediera lo que algunos esperan: ora otro golpe terrorista como el del 11-M para sesgar las elecciones dirigiéndolas hacia su candidato preferido, ora un ataque contra las posiciones subversivas de Fallujah, puesto que una victoria o la oportuna captura de Abu Mussab Zarqawi mejoraría las posibilidades de la pareja Bush/Cheney, quienes en buena lógica, Irak empantanado, economía aún renqueante, déficit presupuestario histórico, no deberían tener muchas posibilidades para renovar. Pero, paradójicamente, las cosas no están bien para Kerry. Y eso que presenta propuestas de interés: reconsideración del papel en Irak, búsqueda de un new deal en que el pan y mantequilla supere a los cañones y misiles, contención del déficit. Pero, a diferencia del caso español, el votante americano suele preferir gente con voluntad y criterio, aunque sea simple, que píos con talante. Y Kerry tiene imagen de fofo. La política de Bush en Irak, su fracaso del control sobre el país mesopotámico y de la propia hoja de ruta, parecen agrandar aún más el abismo de desconfianza e incomprensión, cuando no sencillamente de odio, entre el Islam y Occidente. Desde ese punto de vista la renovación sería bien vista en Oriente Medio, pero, simbolismos aparte, una visión más pragmática pudiera hacer preferir al actual presidente. De acuerdo con la tradición de los segundos mandatos presidenciales, cabe pensar que la causa palestina pudiera abordarse sin la presión que supone la reelección. Además, los antecedentes de la política Carter en Irán muestran que es muy peligroso para Occidente abandonar posiciones, y aún más cuando el fanatismo religioso las ocupa.