¿QUÉ MAGNITUD tiene el déficit y la deuda en los presupuestos de la comunidad autónoma gallega (ejercicio 2005) presentados recientemente en el Parlamento? Analizados los documentos oportunos esas cifras son las siguientes: déficit medido a través del concepto necesidad de financiación , 9,941 millones de euros (1.654 millones de pesetas); endeudamiento contabilizado, 682,091 millones de euros (113.490 millones de pesetas). Una diferencia notable que exige aclaración. Porque si la deuda es siempre recurso extraordinario para financiar los desajustes entre ingresos y gastos, ¿cómo explicar estas cifras? La respuesta puede resultar compleja para aquellas personas no familiarizadas con el proceso presupuestario, pero nos esforzaremos en facilitar la explicación. Así, los 682 millones de euros procedentes de la deuda se destinan a cubrir los siguientes conceptos: a) 386,5 millones (56,7% del total) financian amortizaciones de la deuda acumulada, lo que permite liberar ahorro por igual cuantía, a costa de no reducir la deuda total y eternizar la carga financiera; b) 9,9 millones (1,4% del total) financian el déficit; c) 119,35 millones (17,5% del total) se destinan a activos financieros. Esto equivale a una aportación monetaria que reciben determinados entes (formalizada en compra de acciones) para evitar su contabilización como transferencia y como déficit. Si además esa aportación (financiada con deuda) se destina a gasto corriente, la cosa es más preocupante; d) finalmente, estarían 166,26 millones (24,3% del total) registrados en empresas públicas que también están al margen del déficit público, aunque una parte de esa deuda no se cubra vía precios sino apelando de nuevo a la administración general. O sea, que la ingeniería financiera aplicada al presupuesto permite que sucedan estas y otras cosas en la administración gallega y en otras administraciones, lo que no deja de ser pintoresco. Porque así se hace posible que las retribuciones de los trabajadores de la TVG se financien con deuda y activos financieros; que las inversiones de las consellerías paguen los intereses que soportan determinadas empresas públicas; que el déficit desaparezca del presupuesto o que nunca se amortice la deuda acumulada trasladando el problema hacia el futuro. Pero esto es lo que hay y debemos conocerlo. En todo caso, interesa recordar que frente al presupuesto está la cuenta general. El presupuesto tiende a la ilusión; la cuenta general expresa realidades. Como el déficit y la deuda. La ilusión del déficit cero renace siempre para animar los mercados financieros, para impulsar la iniciativa privada y para convencernos de que sólo así seremos felices. ¿Soportaremos tantas emociones juntas?