De crisis hay lo normal

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

20 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

UNA DE LAS COSAS que entran en el sueldo de vivir en una sociedad dinámica es la residencia en la crisis. El esfuerzo solidario y progresista en que todo se mueva hacia adelante impone la reducción a un mínimo de lo quieto y a que todo esté en danza, hasta las ideas e incluso las más peregrinas. Una sociedad dinámica requiere ideas peregrinas; esqueléticas e insípidas, pero peregrinas. Sería estupendo que las ideas contaran con un Año Santo y tuvieran su Xacobeo; pero eso es otra historia. Incluso el poder, ese poder que antes -hace no tantos años- se podía considerar como la cúpula del sosiego, hoy es un salón de baile menos puesto en el vals y los boleros que en el rap y el hip-hop. Pero dejemos el poder para el final, puesto que es lo más irremediable, y vayamos al elenco de sus merodeadores, comenzando por el de menor cuantía, digamos que Izquierda Unida, donde «no queremos ser el PSOE ni un partido verde ni seguir con la cultura de las familias». O, sea, que está en crisis la casa de todos. Es la crisis de una IU que harta de buscar un espejo en el que mirarse, ya no sabe ante qué espejo ponerse. Tampoco lo sabe Convergencia Democrática de Cataluña, dividida por el baile con la Constitución Europea ya que no por la derrota en las urnas ni por un tiempo posterior a Pujol en el que su socio, Unión Democrática de Cataluña, ve a Artur Mas como si fuera un menos, cosa que pasa en las mejores familias y, sobre todo, en las que buscan un hueco en la política, esto es, en la historia, la literatura o el cine. En cuestiones de herencia conviene no dejar de tener la vista encima de los hermanos ni de cualquier otro ser querido. Es duro, pero la vida es dinámica. Tan dinámica como para que, sin salir de Cataluña aunque en la cena del Premio Planeta, un experto en estas cosas no viera con escepticismo la hipótesis de que el final de ETA podría ser el comienzo de una secuencia de escisión en el PNV. Emilio Guevara, uno de los padres del Estatuto vasco y ex diputado general de Álava, fue expulsado del PNV y ahora es el representante del PSE en las Juntas alavesas, y principal en las listas de los socialistas de Álava para las elecciones autonómicas del año que viene. Puede que el experto viera algo de aquello en esto, o viera más. Yo no alcanzo a ver tanto. Ni hace falta tanta vista para entender que la crisis del PP es una crisis mostrenca en el sentido de que su desarrollo oscila entre la intención de que haya crisis y la voluntad de que no la haya, siendo, como es, una crisis de la que nadie quiere adueñarse ni ser visto como dueño. Tampoco es una empresa fácil en una organización de intereses y opiniones donde la responsabilidad de la derrota en las urnas y del fracaso de una línea política es muy fácil de señalar: están prácticamente todos ahí, en la dirección y el frontispicio del partido. En cuanto al Gobierno, no está en crisis porque las incoa a su alrededor, ya sea con el Poder Judicial, con la Iglesia, con los Estados Unidos, alrededor de Cuba o con el tinglado general de las prisiones. Tampoco lo está el PSOE. Si alguien apunta una sugerencia de crisis en el PSOE le dirán que es cosa suya y de su manera de ser. Es lo que dicen de lo que dice Ibarra. Ni la hay con el socialismo al otro lado de Gibraltar. Zapatero se ve a puerta cerrada con Blair, y sale diciendo que han quedado en hablar de eso, de Gibraltar. Es un modo de decir que no tienen nada que decirse. Y si no hay qué decir, es que no hay crisis.