Un país de valientes

OPINIÓN

ÉSTE ES un país de valientes. Es la suerte que tenemos. Que vivimos en un país de héroes, que se manifiestan especialmente cuando los tiros amenazan la nuca de los demás. Aquí hay audaces por todos lados. Los vemos brotar estos días con el linchamiento al que acaban de someter a cuatro cocineros vascos que, según un etarra, pagaron el mal llamado impuesto revolucionario. Unos valientes que ahora dan crédito a la organización terrorista, cuando se la negaron el 11-M. Creencias al margen, es cierto que se ha iniciado una campaña de acoso y liquidación por entender que estos cocineros son «verdugos» y «cómplices» del terrorismo. Y que lo que tenían que haber hecho era no ceder al chantaje de los asesinos. Parece como si este tipo de cesiones sólo le estuviesen permitidas a estados y gobiernos que, como el italiano y el británico, negociaron con terroristas iraquíes y claudicaron para lograr liberar a sus ciudadanos secuestrados. Pero a los cocinero no. Los cocineros vascos están obligados a poner la nuca al servicio del terrorista. Lo que no pueden hacer es lo que haríamos la mayoría de los mortales. Proteger nuestras vidas y las de los nuestros, a cualquier precio. Sencillamente, porque no nos las protege el Estado, pese a que le pagamos para ello. También financiamos una buena enseñanza y una buena sanidad y volvemos a pagar, cuando lo necesitamos, para que nos atiendan en centros privados. Con la seguridad ocurre lo mismo. Que el Estado no te garantiza que la mafia terrorista no te vuele la tapa de las ideas. Y tienes que buscarte tú la vida. Como hacen cocineros, empresarios, periodistas, remeros de traineras, futbolistas, levantadores de piedras, pirotécnicos y campaneros, que viven en Euskadi. Otra cosa es opinar desde Almería. Eso lo hacen muy bien los valientes.