Esta vez va en serio

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

POR PRIMERA VEZ en los últimos veinte años un candidato socialista a la Presidencia de la Xunta de Galicia ha recibido el apoyo inequívoco de la dirección estatal de su partido, incluido el respaldo personal y el compromiso público de quien es a la vez secretario general del PSOE y presidente del Gobierno. El hecho no tendría nada de excepcional si no fuera por los numerosos precedentes que constan en el expediente del socialismo gallego. En efecto, en 1989 Felipe González abandonó a González Laxe y no movió un sólo dedo para evitar la apretada victoria de Fraga en las elecciones autonómicas gallegas celebradas aquel año. La misma suerte corrieron Sánchez Presedo en 1993 y Abel Caballero en 1997. Ciertamente, Galicia no se encontraba entre las prioridades del entonces secretario general del PSOE. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, la situación no mejoró con Rodríguez Zapatero, ni siquiera tras su sonoro triunfo electoral el 14-M. Hace tan sólo unos meses existían fundadas sospechas sobre el compromiso del PSOE con Galicia, y, desde luego, no estaba claro en absoluto que la cúpula estatal de ese partido, con Zapatero a la cabeza, estuviera dispuesta a poner toda la carne en el asador para conseguir el triunfo electoral en las próximas elecciones autonómicas. Buena prueba de las dudas y vacilaciones del PSOE es la propuesta de Zapatero a Touriño, para que éste asumiera un ministerio en el nuevo Gobierno abandonando la contienda electoral gallega. Por cierto, el rechazo de Touriño a semejante pirueta política, le honra, y transmite compromiso con un proyecto y confianza en la victoria. Pero se mire el pasado como se mire, no puede haber duda acerca del presente. La persistencia de los datos favorables en las encuestas y, sobre todo, el derrumbe político de Fraga parecen haber cambiado las prioridades políticas del PSOE. Uno de los objetivos estratégicos del Gobierno es, sin duda, evitar la oposición frontal del PP a la anunciada reforma de la Constitución y de los Estatutos, problema ciertamente delicado de cuya positiva solución depende en gran medida el futuro del gobierno socialista. Pues bien, no parecía existir nadie mejor que Fraga para neutralizar a Rajoy en este debate, ni para desmontar la demagogia patriotera de Acebes, Mayor Oreja, Zaplana y compañía. Una vez más, daba la impresión de que Zapatero estaba dispuesto a abandonar a su suerte a los socialistas gallegos a cambio del apoyo de Fraga a la reforma constitucional promovida por el Gobierno. Pero tras su desvanecimiento político, el presidente de la Xunta no está ya en condiciones de jugar ese papel y, en consecuencia, ha dejado de ser útil a los planes del Gobierno. Por contra, una victoria del PSOE en Galicia tendrá un alto valor político y simbólico, permitirá a Zapatero extender territorialmente la hegemonía socialista y reducirá su excesiva dependencia de Cataluña y Andalucía. Las circunstancias han cambiado radicalmente, y con ellas, las prioridades políticas. Por eso, esta vez va en serio.