HE LEÍDO con atención la biografía de Manuel Cobo y no encuentro una trayectoria que le encaminara inexorablemente hacia la candidatura a la presidencia o a la secretaría general de los populares madrileños... salvo que Gallardón se lo encargara. Porque desde 1991 en que fue elegido diputado autonómico de Madrid en la lista que encabezara Ruiz-Gallardón hasta hoy mismo, su carrera está unida al actual alcalde de Madrid, que ha sido quien lo ha metido en el lío del pulso a Esperanza Aguirre. Nacido hace 48 años en Ponferrada, Manuel Cobo ejerció como abogado hasta 1989, dos años antes de su primer cargo en política. Desde entonces acá, ha ido cumpliendo notablemente todos los encargos que le ha hecho Gallardón, incluyendo la superconsejería creada para él en el gobierno regional de Madrid cuando su valedor era presidente y se vio abandonado por Beteta, consejero de Hacienda, que se fue a la secretaría general de ese ministerio. Cobo sumó entonces esas competencias a las de la cartera de Presidencia que ya tenía. Quiero decir con todo ello que Manuel Cobo ha hecho una carrera a la sombra de Gallardón, que ahora lo utiliza como arma de una batalla emprendida por el propio alcalde de Madrid; en otras palabras, Gallardón no apadrina a Manuel Cobo, sino que Gallardón utiliza a Manuel Cobo, sabedor de que difícilmente puede continuar la carrera hacia La Moncloa -su nunca desmentido, sino todo lo contrario, objetivo-, si no cuenta con una base sólida en el partido al que pertenece de la que hasta ahora carece, porque el alcalde tiene más enemigos que amigos en su propia formación. Llegados a este punto, sólo queda por despejar una incógnita: saber si Gallardón está quemando sus naves en el Partido Popular y, en caso de que así fuera, cuál sería el siguiente paso. Porque él sabe mejor que nadie que si pierde el órdago que en su nombre ha puesto encima de la mesa Manuel Cobo, en el PP le queda muy poco por hacer... Y uno no se imagina al que fuera fiscal más joven de España renunciando a la política. Sería paradójico que, además de medir sus auténticas fuerzas dentro del partido, como le recomienda Ángel Acebes, y si éstas resultaran escasas, acabara Gallardón algún día midiendo sus fuerzas electorales frente a las siglas con las que ha hecho toda su carrera.