Esperando una señal

OPINIÓN

DESDE QUE SE HUNDIÓ el tripartito (1989), y con él el centro nacionalista, en Galicia no hay más que dos alternativas: la mayoría absoluta del PP, que va para tres lustros, y una coalición muy equilibrada entre el PSOE y el BNG, que esta vez, de acuerdo con los augurios, podría tener su oportunidad. Los expertos dicen que es deber de los partidos aferrarse al programa y pregonar la fe en su victoria, y que nunca deben trabarse las coaliciones antes de que los electores decidan el peso político de las partes. Pero toda regla tiene su excepción, y, aunque la política nos tiene acostumbrados a que todo es posible, abundan las ocasiones en las que una apuesta monocolor impregna de ridículo las soflamas del triunfo. Galicia es una de esas excepciones, y, aunque empiezan a ser muchos los que ven al PP con un pie en la oposición, no he encontrado a nadie que crea posible y deseable que otra mayoría absoluta sustituya a Manuel Fraga. Pérez Touriño tiene ante sí la mejor oportunidad de su vida, y es lógico que, como ya sucedió en el debate del mareo, empiece a hacer sus discursos en clave de alternativa. Pero se equivocará de medio a medio si da al PP por derrotado, o si, en un ataque de euforia sin fundamento, lleva la crisis del BNG más allá de lo razonable. El PSdeG-PSOE dista mucho de ser, como partido, una alternativa, y, si se demuestra que la necesidad de alianzas es estructural, las posiciones del BNG le van a permitir negociar al filo del 50%. Anxo Quintana, en la parte que le toca, está jugando con enorme realismo. La acumulación de crisis que se abatió sobre el BNG le impuso un tono de liderazgo muy adecuado, y la plena aceptación de que esta oportunidad no es la suya le está permitiendo aflorar con eficacia la nueva realidad del nacionalismo gallego. Pero la flexibilidad del Bloque tiene sus límites, y en modo alguno puede aceptar una coalición que, para desalojar a Fraga de Raxoi, sitúe al BNG al borde del precipicio. En tales condiciones es lógico que muchos gallegos se pregunten quién va a gobernar Galicia si el PP no consigue la victoria (V de Fraga y I de Núñez Feijoo). Y a nadie debería extrañarle que, no habiendo buenos precedentes para una coalición necesaria, empiecen a pedir señales palpables de que el BNG y el PSOE son conscientes de su responsabilidad. No pedimos una coalición previa, ni una confusión de campañas. Tampoco queremos eliminar la particular liga de la izquierda que puso tanta emoción en la monotonía de las victorias de Fraga. Sólo queremos que, juntos, Touriño y Quintana, nos hagan una clara señal de que se entienden. Porque sin esa señal puede haber victoria electoral, pero no hay alternativa.