Encrucijada turca

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

EL ESTRATÉGICO territorio de la actual Turquía ha sido a lo largo de la historia crisol de diferentes civilizaciones y culturas. En él se encuentra Troya, la emoción del mundo griego en ciudades helénicas como Éfeso o Pérgamo, cuya biblioteca era casi tan importante como la de Alejandría, o las ciudades-chacras vehículos de conocimiento del Apocalipsis cristiano. Los monumentos romanos o bizantinos. Las maravillosas joyas de Capadocia, el esplendoroso Islam en Konya, con la tumba del gran Rumí fundador del movimiento místico sufí de los derviches giróvagos, o la magnífica y única Estambul. Hasta que un oficial turco, Mustafá Kemal, como el médico Sun Yat Sen en China, rompe con la tradición imperial e instituye un Estado turco, laico y constitucional que trata de dar un decidido giro hacia Occidente, y siguiendo el lema de nuestro Azaña, «la historia debe ser la corrección de la tradición por la razón», dota al nuevo Estado con leyes e instituciones de corte occidental contra la sharia islámica. Turquía y Europa se encuentran en una encrucijada histórica. ¿Debe aceptar Europa la petición turca de adhesión plena? ¿Es preferible enrocarse ante el temor al Islam? Es una decisión estratégica de gran importancia. ¿Son suficientemente fuertes las instituciones laicas y aconfesionales europeas para integrar poblaciones de diferentes religiones y costumbres? ¿Está justificado el miedo alemán, escarmentado de las consecuencias de la integración de su propio Este? Pero hay otros aspectos: la bomba demográfica turca. Las posibles migraciones de origen económico. O la posición de frontera del territorio turco con una de las áreas más conflictivas del planeta. La respuesta que se dé a Turquía quizás muestre el estado real de vitalidad y de confianza en su propia civilización que mantiene Europa.