Hasta el último suspiro

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

LAS IMÁGENES lo han dicho todo: el presente y el futuro. Un hombre está en el uso de la palabra. No puede hablar, su voz se agota, pero una fuerza interior le ordena continuar. Se acerca el conselleiro: «Debe descansar un pouco, presidente». Y el presidente: «He dicho que no». Le faltó añadir: «Y punto». Y siguió leyendo el discurso de los 120 folios. Y hubiera seguido si no lo apartaran de la tribuna. Naturalmente, contra su voluntad. Era él. Tenía que ser él. No puede más, la lipotimia le domina, pero debe continuar. Lo había anunciado: «Hasta el último suspiro». Y ayer, aunque fuera arrastrándose, hubiera intentado llegar al folio 120. Le falla todo, menos el alma. Era él. El mismo que el día de la gastroenteritis mantuvo su encuentro con Baltar. La escena fue vista por toda España. Una vez, diez veces, cien veces la han repetido las televisiones. Ha sido una lipotimia retransmitida. Te desvaneces en casa, en tu despacho, y no pasa nada. Ruiz Gallardón fue noticia por lo mismo, y nadie duda de su futuro político. Pero Fraga siempre se desvanece y se derrumba ante las cámaras de televisión, en una especie de exhibicionismo político involuntario que inspira compasiones y hace preguntar, como en el caso del Papa: ¿es humano exigirle tanto sacrificio a un hombre? Sí, esa es la pregunta. En el caso de don Manuel Fraga chocan dos realidades vitales: sus 82 años, contra su agenda repleta de actos, viajes, discursos y, por si faltara algo, la crisis de Baltar. Chocan las limitaciones físicas que la edad impone a cualquiera, contra su sentido del deber, que le lleva a desobedecer a los médicos. Son los mismos choques del día de la gran decisión: la edad contra ese sentido que le dice: «Tú eres el único que puedes mantener la unidad del partido». Y ya sabéis cuál de los dos Fragas ganó en la contienda. Ahora ya veis. Desde Fisterra hasta Rosas, y de Ortegal a Palos, se hacen dos preguntas: ¿puede el caído de ayer presentar una imagen de fortaleza ante las complicadas elecciones que vienen? ¿Es, incluso, una buena imagen electoral para su partido? Doctores tiene el Partido Popular que os lo sabrán responder. Hay dos pistas de futuro, y Fraga es tan claro que las ha expuesto en intervenciones públicas recientes. Una se la dijo a su presidente nacional, Mariano Rajoy, en el Congreso del PP. Se la dijo con toda sinceridad, porque Fraga no es hombre de disimulos: tiene su cargo a su disposición, si lo precisa para el bien del partido. Es su sentido de la responsabilidad y su entendimiento del deber y la disciplina. La segunda es anterior. No le preguntéis a Fraga si tiene fuerzas para seguir. Si de él depende, las tiene. Y las tendrá «hasta el último suspiro».