ETA, sin oxígeno

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

TODOS LOS DATOS parecen confirmar que, esta vez sí, ETA ha recibido un golpe mortal, que estamos ante la operación policial más importante contra la cúpula de la organización terrorista desde Bidart. La captura del mítico Mikel Antza descabeza no sólo a su jefe militar, indiscutido en el interior de la banda, sino a su ideólogo y estratega más refinado : Lizarra, la tregua, la kale borroka , la acción criminal contra políticos y periodistas, todo llevaba su sello , su firma. Pero, sobre todo, Mikel Antza era el autor intelectual del quimérico y diabólico mito de la negociación. Una negociación siempre frustrada pero útil, perversamente útil, para que un sector del nacionalismo, del PNV, acabara cayendo siempre en la trampa, en la ceremonia de la confusión. Para algunos, Mikel Antza llegó a ser incluso el líder dialogante de ETA, el terrorista de rostro humano con el que había que entenderse para lograr, algún día, la paz en Euskadi. La verdad es que muchos nacionalistas así lo creyeron y lo defendieron, de buena fe, aun a riesgo de perder su crédito como demócratas y como responsables políticos. En esa buena fe y en esa esperanza absurda de quimérica negociación había encontrado ETA su balón de oxígeno, el que le permitía vivir políticamente, por repugnante que ello fuera. Por eso la contundente reacción del PNV, congratulándose de la detención de Mikel Antza y de la eficacia de la acción policial contra el entramado terrorista es, para mí, algo decisivo para el futuro del País Vasco. Tengo sin embargo que recordar para algunos amnésicos malintencionados que esta actitud del PNV no es nueva respecto a lo que el nacionalismo democrático piensa de ETA y de su imposible futuro. Atutxa pasará a la historia como uno de sus más encarnizados enemigos, objeto de cuatro intentos de asesinato frustrados. Sin embargo, hay algo cualitativamente bien significativo en la reacción de ahora en el interior del PNV: nadie se lamenta de que la detención de Mikel Antza vaya a poner en peligro suerte alguna de negociación en la que ya nadie cree, o al menos, nadie se atreve a mencionar. Las heridas del burdo engaño de Lizarra todavía no han cicatrizado y me consta que en el PNV nadie desearía volver a aquel camino, tan lleno de buena fe como plagado de equivocaciones. El PNV ha cerrado filas con todos los demócratas que celebran la detención de Mikel Antza. ETA se ha quedado sin oxígeno, abocada a un camino dramáticamente imposible para muchos de sus militantes , pero que es el único que le queda, salvo la cárcel: la democracia, la normalidad. Es este un diagnóstico inapelable, que comparte la inmensa mayoría de la sociedad vasca. Solo Batasuna, algunos de cuyos dirigentes más dependientes de ETA pretenden mantenerse en la esquizofrenia del terror y la política, han lamentado la detención de Mikel Antza. Su argumentación no puede ser más esclarecedora: «esta acción policial entorpece cualquier posibilidad de negociación», dicen, tras una sesuda reflexión. No parecen darse cuenta de que esa negociación resulta a estas alturas del todo imposible. Porque, salvo esos cuatro dirigentes de Batasuna, ya nadie la quiere en Euskadi.