Memoria rota

| JOSÉ RAMÓN AMOR PAN |

OPINIÓN

29 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PESO del sufrimiento suele aparecer a los ojos de los seres humanos como una de las más firmes dificultades, si no la mayor, para afirmar la existencia de Dios. El tema no es de los que se pueden abordar sin temblor, porque ante el sufrimiento del ser humano todo discurso parece irrisorio. El sufrimiento, ¿roca del ateísmo o ámbito de la revelación divina?, se preguntaba en la lección inaugural del curso académico 1998-1999 en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid el hoy rector de la misma, José Ramón Busto Saiz. La tesis que sostuvo a lo largo de su intervención fue que el sufrimiento, a pesar de todo su sinsentido y su opacidad, no tiene capacidad para vaciar la experiencia religiosa, aunque pueda sacudirla hasta hacerle tambalearse. Al contrario, considera Busto, contribuye como quizá ninguna otra realidad a configurarla, convirtiéndose así en lugar teológico privilegiado. Resulta entonces que el sufrimiento no necesariamente es la roca donde fundamentar la negación de Dios, sino que puede convertirse en el punto de apoyo desde el que atisbar una nueva imagen de Dios no accesible desde otras atalayas. Estos días he vuelto a saborear esas palabras. Aparte de pertenecer a uno de los más profundos teólogos del actual panorama español, están sustentadas en la experiencia vivida durante años junto a una madre con alzhéimer, fallecida precisamente unos meses antes de aquel acto académico. El alzhéimer y las otras enfermedades que llevan a la persona a la pérdida gradual de su memoria y del resto de sus funciones humanas básicas representan uno de los más serios interrogantes, empezando por la propia definición de hombre. Porque, si el ser humano es el animal racional, en terminología tradicional, ¿qué pasa cuando esa racionalidad está ausente? Lo que responden ya no pocos autores: el individuo ha dejado de ser humano, y las obligaciones que tenemos respecto a él son las mismas que las que tenemos respecto a cualquier otro animal sensible pero no humano. Alguien que fue persona, pero ya no lo es. Mi madre, que ahora tiene su memoria rota y que necesita del apoyo y el soporte de los demás, ¿ya no vale lo mismo que antes? ¿Es que cuando era ella la que atendía a sus hijos, indefensos y dependientes, valía y ahora ya no vale? ¿Qué tenemos que hacer para honrar a nuestros padres cuando llegan a una situación de alta dependencia? Cuidarlos con mimo y seguir creciendo a su lado.