A toda prisa

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

MIENTRAS aguardábamos el restablecimiento del presidente Fraga para que pudiese acudir a la anhelada entrevista que luego mantuvo con el insumiso Baltar, todo parecía indicar que la insurrección de los populares ourensanos iba a ser sofocada a base de más de lo mismo. Un emocionado abrazo, un examen de conciencia, un acto de contrición y un par de buenos consejos. Y ni tan siquiera penitencia. Porque por mucho acuerdo al que pueda llegarse no quedan las cosas como para exigir penitencias, ni andar con festejos. El PP necesita cerrar la sublevación ourensana a toda prisa. Porque dentro de unas horas, como quien dice, comienza el congreso nacional. Porque en ese congreso se quiere «vender» una imagen de unidad y bloque monolítico. Porque en ese mismo congreso van a presentar a Mariano como el gran líder carismático. Y porque es esencial desactivar esta sublevación antes de que se produzcan las anunciadas de Cataluña, Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Valencia. Y, por eso mismo, precisa hacerlo a cualquier precio. Aceptando lo que en condiciones normales resultaría inaceptable. Que quienes se han rebelado sean, precisamente, los que marquen en lo sucesivo los límites del terreno de juego. Decía Francis H. Bradley que cuando todo va mal, no debe ser tan malo probar lo peor. Y eso es lo que han hecho los responsables populares de Galicia. Aceptar la peor solución que es dejar las cosas como estaban. Enquistadas y con la certeza de que nuevamente volverán a resurgir las discordias. Podrían, por el contrario, haber seguido el consejo de Tito Livio. El moralizante filósofo creía que cuando la situación es adversa y la esperanza de resolverla poca, las determinaciones fuertes y enérgicas son las más seguras. Pero lo dijo hace muchos años. Y quizás por eso les parece una idea anticuada.