El veto de la mayoría

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

RAJOY QUIERE salvar, al menos en el establecimiento de comparecencias en la comisión del 11-M, el veto de las mayorías. El líder popular está disgustado porque los otros grupos parlamentarios echaron abajo sus propuestas, y pide a Marín un cupo de comparecencias intocables, una excepcionalidad democrática. El líder popular, salvando las distancias en todos los sentidos, recuerda a Antonio Gala, cuando ponía en boca de un personaje femenino de su obra teatral Noviembre y un poco de hierba , aquello de «Todos los hombres son unos libidinosos, en tanto no demuestren lo contrario. Y los cojos, aunque lo demuestren». Si en lugar de hombres hablamos de políticos, y el calificativo de libidinosos lo sustituimos por prepotentes, estaremos muy cerca de la realidad. Las mayorías absolutas, de un solo partido o pentapartidarias como es el caso, suelen ser injustas con las minorías, aplican el rodillo. Con disculpas y mis respetos para los que tienen este defecto, nos faltaban los cojos del parlamento teatral, aquellos que aunque demuestren que no son prepotentes, resultan serlo. Después del comportamiento de José María Aznar cuando, en su segunda legislatura, viajó por el Parlamento como el caballo de Atila, sin dejar crecer la hierba, cabe decir que la prepotencia del PP, hace que sean los cojos de esta historia. Al menos, aquellos a los que más se les ha notado esa cojera democrática en los últimos tiempos. Es evidente que en los parlamentos las mayorías mandan, que los votos disponen la orientación que van a tener las políticas de un gobierno. Pero no todo tienen que resolverlo los votos, que deben ser empleados para ganar al adversario, no para aplastarlo. En la comisión del 11-M parece que el talante de los zapateristas no es tanto vencer sino hundir al PP. Las huestes de Rajoy no parecen buscar otra cosa, salvo que en sentido inverso. Amparo pide Rajoy... ¿y quién nos ampara de estos políticos, de uno y otro signo, a los ciudadanos?