SE APAGA la luz y todo queda a oscuras. El alzheimer sume al enfermo en la oscuridad total, deja de ser la persona que fue y se convierte en la carga más pesada para quienes tienen que cuidarle, que padecen el doble sufrimiento de estar pendientes 24 horas al día de alguien que ni conoce ni coopera e incluso a veces ni se deja ayudar. Amenaza con ser una de las plagas del siglo XXI y exige atención prioritaria por parte de las Administraciones, para que la enfermedad no aplaste, como está ocurriendo hoy en muchos casos, al enfermo y a sus familiares más próximos. Pero también requiere una solidaridad social que está aún muy lejos de alcanzar la dimensión necesaria.