SI ES CIERTO que toda ferocidad procede de la debilidad, como sostenía el estoico Séneca, deberíamos concluir que las cosas van mal en el mundo. La ferocidad, entendida como una violencia inhumana, brutal y masiva, parece extenderse por distintos derroteros del planeta. Y, si Séneca tiene razón, esto quiere decir que la debilidad ha aumentado de un modo muy alarmante entre nosotros. ¿Debilidad? No creo que los halcones que gobiernan el mundo la sientan. Ni creo que la sientan los cabecillas de los radicales que pugnan por extender el terror. Sin embargo, si le damos un giro al argumento, quizá se vea con más claridad la razón que asiste al estoico. Porque, ¿quién se siente más amenazado e inseguro que los halcones que propician y hacen las guerras? ¿Y quién más débil que el terrorista que abandona toda reivindicación racional en aras de una bárbara demolición de valores y de personas?... Hablo de las debilidades de Sharon y de Arafat, que no tienen la fortaleza necesaria para entenderse; de la debilidad de Bush y Putin, que no ven más solución para el terror que la guerra; de la debilidad de los propios terroristas, que mitifican la eficacia de unos medios que son sólo perversidad... Tan débiles estamos ¿o somos?