La basura rosa

MANUEL MARLASCA

OPINIÓN

CONFLUYERON ayer en la misma cadena de radio dos personalidades públicas -cada una en lo suyo- que coincidieron en sus críticas a las programaciones de televisiones, a lo que se ha dado en llamar ya televisión basura y a la que en otros tiempos inofensiva crónica rosa, devenida también en nauseabundo detritus, en el que el apellido «del corazón» se ha convertido en una especie de permanente defecación de un pseudoproducto compuesto de bulos, insultos, falta de rigor, injurias, calumnias y un deleznable muestrario en el que uno no sabe con qué asquearse más: si con la impunidad de quienes han hecho de todo ello un medio de vida o si con la falta de reacción de los poderes públicos para ahorrarnos, por la vía de la ejemplaridad, este espectáculo que para colmo revienta los audímetros. No escribo de limitar la libertad de expresión, faltaría más, sino de ahorrarnos los desmanes que en su nombre se producen a velocidades de vértigo. La primera de las personalidades entrevistadas -y escribo por riguroso orden de aparición en antena- fue Rodríguez Zapatero, que envió un mensaje (y espero que en esta ocasión no se rectifique) a las televisiones y sus programadores sobre el impacto que lo que sale por la pequeña pantalla tiene en «nuestros hijos». Quisiera suponer que esto mismo le habrá dicho el señor presidente a los miembros del famoso comité de sabios que estudia el modelo de televisión pública a adoptar por este Gobierno. Y quisiera suponer también que la protección a nuestra infancia tiene instrumentos definitivos que no hagan necesario esperar no sé si ad calendas graecas el dictamen de los dichosos sabios. Luego escuché a Victoria Abril, portentosa actriz española que vive en Francia y que, desde luego y a sus palabras me remito, no va a volver a España como no sea de visita y probablemente disfrazada para evitar ser perseguida, violentada su intimidad y amenazado su entorno. En un tono lleno de ironía en el que yo adivinaba no poca amargura, Victoria se quejaba de que ninguno de los derechos amenazados por cuarenta revistas y no sé cuántos programas de televisión basura que le persiguen cada vez que pisa nuestro país son protegidos en España, al contrario de lo que ocurre en Francia. Y anda que en el país vecino carecen de libertad de expresión... ¡Qué pena!