ESTÁ VISTO que los asesinos en ciernes le han cogido querencia a Galicia y a ella vuelven trayendo explosivos mensajes en euskera -esa lengua en la que, a diferencia del español, se han escrito algunas de las obras más renombradas de la literatura universal, estudiadas para mejor lección de todos en el planeta entero además de en las reputadas cumbres del saber que son las ikastolas - algo cansinos, ciertamente, toda vez que insisten en el asunto de la independencia. Ahora bien, a mi saber y entender, la independencia, la autodeterminación, la libre asociación y cosas por el estilo sólo se les concede a las colonias, por lo que sería mucho más pertinente que los terroristas se dirigiesen a los organismos internacionales exponiendo la lamentable situación de colonialismo que padecen. En comparación con Francia, por ejemplo. El caso es que ya lo han hecho y han recibido tremendos portazos en las narices. Sin embargo, visto que por el fuero no tienen apoyatura legal intentan por el huevo forzar una salida, con la inestimable colaboración del nacionalismo llamado democrático, verbigracia, el PNV (y sus socios del BNG y CiU que sólo sustancian condenas puramente retóricas de los atentados, pero evitando señalar la parte de responsabilidad del partido amigo) aunque no conviene olvidar al PSC ni a ERC. Ya que resulta palmaria la culpabilidad de los partidos nacionalistas respecto al bilioso poso de odio contra España que van dejando en los corazones de la juventud más desnortada. A qué viene, si no, en pleno siglo XXI, tanta insistencia de los nacionalistas en los celtas, en el Rh, en los castellers , trotones, silbo, virgencitas de Montserrat, aturuxos , banderitas, mapas imperiales, en una parafernalia, en fin, de atrezzo protonazi para encerrar a la juventud en el gueto sicológico del odio cainita. Odio que, por cierto, con frecuencia encuentra estímulo y cobijo en nuestros enemigos de siempre, como bien notariaron Quevedo y Gracián: «!Oh, desdichada España! Revuelto he mil veces en la memoria tus antigüedades y anales, y no he hallado por qué causas seas digna de tan porfiada persecución». No estaría de más, por ello, que algunas organizaciones, proverbialmente respetadas entre la izquierda, como Nunca Máis o Luzes de Galicia, se movilizaran contra los atentados de ETA y contra la ideología nacionalista que la nutre, pero me temo que resulta más rentable en esos ambientes responsabilizar al nacionalismo español, y con la misma pasión electoralista con que atacaron al PP cargándolo el verano pasado con el estigma de una eventual disminución del turismo en Galicia, mostraran ahora su repulsa no sólo de los atentados sino de quienes los justifican indirectamente pidiendo el diálogo con los terroristas. Porque ¿cuál es el objetivo de los terroristas sino obtener concesiones bajo capa de diálogo?