Moros y cristianos en Irak

| YASHMINA SHAWKI |

OPINIÓN

NO ES DIFÍCIL encontrar iglesias en Bagdad; sin embargo, de entre todos los barrios destaca, por el número de ellas, Al Karrada. Situado en la orilla izquierda del Tigris, apenas se diferencia de cualquier otro barrio de la capital salvo porque sus habitantes son más tranquilos y menos ruidosos y por su famoso y reputado mercado de productos frescos al aire libre. Hablar de Karrada es hablar de armenios, nestorianos y caldeos y, también de tolerancia. Representa el respeto a la comunidad cristiana sucesora del espíritu emprendedor que, en tiempos, lideraban los judíos. Cristianos y musulmanes, han sabido convivir en armonía y de forma pacífica con consideración hacia la tradición e idiosincrasia de los demás. Cierto es que unos y otros viven, sienten y trabajan de forma diferente pero lo hacen con la tácita complicidad de quienes se necesitan y complementan. Por ello, nunca antes de este domingo los cristianos habían sufrido ningún atentado ni nunca hasta entonces, se habían sentido marginados o acosados en un Irak donde su número asciende a ochocientos mil, frente a la mayoría musulmana cuyo recuento estimativo ronda los veinticinco millones. Los atentados a las iglesias cristianas evidencian, una vez más, que el inútil y terrible derramamiento de sangre que padece Irak se debe a la intervención de elementos extraños al país. Única y exclusivamente los fanáticos seguidores de Al Qaida osarían atacar a otra gente del Libro durante alguna de sus celebraciones religiosas. Si Irak ha vivido el último año y medio convulsionado por la incapacidad para mantener el orden de los norteamericanos y los nuevos líderes políticos, la escalada de la violencia de los terroristas extranjeros que siguen penetrando con facilidad su territorio para matar, secuestrar y, ahora, profanar lugares sagrados no hace sino aumentar el riesgo de que se convierta en otro Afganistán. La convivencia pacífica con otras religiones es lo que mantenía la esperanza de un futuro democrático en Irak. Si ahora se provoca un enfrentamiento entre moros y cristianos, no les quedará ni eso.