VEREMOS a las conclusiones que llegan sus señorías del Congreso, tras el espectáculo mediático de la comisión del 11-M. No sabremos nunca toda la verdad. No sabremos nunca el efecto comisión de investigación sobre el grado de credibilidad y prestigio que se han ganado las instituciones, partidos y gobiernos, entrante y saliente, tras una matanza que seguimos sin saber si se habría podido evitar. Pero hay una mala noticia, justo en el aniversario de los sucesos de Ermua. De aquel espíritu paisano en estado puro que empujó a los dirigentes políticos contra ETA y su mundo fundamentalista no queda nada; incluso, la próxima vez que ETA haga de las suyas será difícil convencer a quienes hasta el 11-M creían a pies juntillas lo que decía la tele sobre los malos y los buenos. Curiosamente, en la declaración en comisión del juez Garzón, uno de sus argumentos para sospechar que no había sido ETA fue la declaración del Arnaldo Otegi, que «no suele mentir». Ahora resulta que los malos no mienten, y los buenos sí. El terrorismo es una lacra capaz de desvertebrar la convivencia, pero es también un instrumento para cambiar el mundo, para hacer negocios de inconfesable calado, para doblegar al rebelde y neutralizar al disidente. Podría contar algunas historias personales. Me viene a la memoria como el comando que quería asesinar a Rabanera, diputado general de Álava, también me tenía en sus objetivos; pero a la hora de hacerlo público, lo del diputado era noticia, lo mío no era conveniente que se tratara como noticia. Lo mismo le sucedió a Enriqueta Benito, y tuvo una imponente bronca radiofónica con el entonces delegado del Gobierno en el País Vasco. Era como si los amenazados de ETA fueran noticias administrables para inventario electoral. Al mítico dirigente del socialismo vizcaíno, García Damborenea, tras un congreso muy conflictivo, que fue el primer episodio de una grave crisis interna en el partido, se le «administró» después la escolta, obligándolo a marcharse lejos de Euskadi. Ermua fue un levantamiento popular contra ETA y el nacionalismo radical que daba ideología al terrorismo; pero alguien descubrió que podía ser utilizado para ganar las elecciones. Y en eso estaban, cuando se cruzó el terrorismo islámico en la estación de Atocha, y alguien decidió ganar setenta y dos horas con el viejo protocolo al uso para atentados de ETA.