De aquellos polvos, estos lodos

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

HABRÍA que preguntarse, parafraseando a Jardiel Poncela, ¿pero hubo alguna vez 11.000 ingenuos? El pelotón de los que se han apuntado a quejarse de los resultados de las últimas elecciones por parte del Consejo General del Poder Judicial podría hacer pensar que existieron esos miles de cándidos y que ahí siguen. Aquí la razón política crea monstruos, invade toda clase de espacios, como lleva haciéndolo durante años, y nos sorprendemos de las consecuencias. No es que apeen a Baltasar Garzón de sus legítimas aspiraciones profesionales, es que dejan en el camino a la inmensa mayoría de los que no comulgan con sus ideas, cualesquiera que sean sus condiciones para el cargo. ¿Pero acaso querían otra cosa los grupos parlamentarios cuando inventaron los cupos para el CGPJ? Entre los 11.000 ingenuos apunten a uno más, yo mismo. Algún tiempo pensé que el afán expansionista de los partidos, el propósito de anulación o más bien de subordinación de todo lo demás, correspondía a una época de infantilismo político. Pero crecemos y con nosotros crecen los vicios en innumerables organismos, consejos, medios públicos de comunicación, etc. Se han politizado los ámbitos civiles y se han judicializado los políticos. Las reprobaciones y medidas que pueden forzar los congresistas contra la actitud intolerable de Fungairiño, van precedidas de una reclamación a Conde Pumpido para que empitone al fiscal general de la Audiencia. En la política han sustituido la ética por la justicia de los tribunales y así hasta los homosexuales quieren callar la voz a los obispos católicos, después de que éstos lanzaran al ruedo algunos de sus lebreles menos prudentes en la expresión. Ha dicho la vicepresidenta primera del Gobierno en El Escorial que, consecuente con el ideario de Rodríguez Zapatero, hay que abrir un gran debate sobre los partidos políticos de nueva planta que es necesario promover. Si lo logran, sería uno de los más grandes servicios al país.