EMILIO Pérez Touriño se parece a Lance Armstrong. Se ha llevado el congreso de los socialistas de calle, como el norteamericano se está merendando el Tour. Sin sobresaltos, sin esfuerzos y con comodidad. Imponiendo su ritmo y favorecido por la ausencia de rivales. Que Touriño iba a salir victorioso del Tour socialista del fin de semana se sabía desde hace tiempo. Como intuíamos que Armstrong iba a darse un largo paseo por Francia, recogiendo vítores y aplausos. Una ovación de cuatro minutos y un respaldo unánime son los trofeos que el líder socialista se lleva para casa, dispuesto a asaltar el puerto de categoría especial de ganar las próximas autonómicas y poder gobernar Galicia. Pero si el ciclista está próximo a finalizar su tarea, el líder socialista no ha hecho más que comenzarla. Porque es a partir de ahora cuando Touriño tendrá que establecer las bases para enfrentarse con garantías a las urnas. Bien es verdad que lo hace en unas condiciones muy favorables. Con el partido prácticamente pacificado y cerrando filas en torno suyo; con un país afectado por una profunda parálisis y teniendo que vérselas con otro partido que a estas alturas aún no ha decidido claramente quien va a ser su cabeza de cartel. Aún así la tarea no es sencilla. Porque Touriño tiene que llevar a una sociedad gallega, por lo visto escasamente ambiciosa y muy acomodada, la necesidad de un cambio profundo. Tiene que contagiarle el entusiasmo que propagó a los suyos. Con ideas claras y proyectos solventes. Con alternativas que tengan el eco suficiente como para no quedarse sólo en las páginas de los periódicos. El reto no lo tenía Touriño en el congreso que ha superado. Como tampoco lo tenía Armstrong en el Plateau de Beille. El reto socialista tiene más recorrido que el Tour. Y con muchos L¿Alpe d¿Huez.