Los dos mensajeros

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

CUANDO FINALICEN los esforzados trabajos de la Comisión de Investigación sobre el 11-M, seguro que permanecerán en el secreto (y no sólo del sumario) muchos misterios sin desvelar. Más seguro, aunque estos esforzados trabajos, de unos y otros, servirán, como era de temer, como elemento de confrontación entre el PSOE y el PP. Aunque limitados por cautelas y cálculos demasiado preñados de cinismo como para que pueda creerse que lo que se buscaba era la verdad y no la derrota dialéctica del adversario. Sin embargo, sí que ha emergido de todo este barullo una verdad tan elocuente como bochornosa: precisamente la que pone en evidencia las versiones, contrapuestas, de los mensajeros. O sea, la verdad del ex director general de la Policía, Pedro Díaz Pintado y, la verdad del ex comisario general de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadrado. La verdad del primero, cargo de la confianza política del entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, es la verdad complaciente de quien se apresura apuntalar con servicial prontitud, la verdad que interesaba a aquel Gobierno. Un Gobierno que necesitaba, desesperadamente, que fuera ETA la autora de los atentados del 11-M. Así que el explosivo era el utilizado habitualmente por ETA; lo cual sirvió para que su ministro lo asegurara con contundencia, aunque nunca sabremos, por qué Acebes nunca tendrá el coraje de explicarnos porque él nunca rectificó, aunque pudo y debió hacerlo. Aquella nunca fue una guerra contra el terrorismo, sino una sórdida batalla contra el reloj del tiempo electoral... Aquella verdad del ex director general de la Policía, fue, contra viento y marea, la verdad del PP. La verdad que ha llegado, incluso, a fabular una delirante conspiración entre policías «buenos», al servicio del Estado (o sea del PP) y policías «malos», al servicio de los socialistas, que le ocultaban la realidad al Gobierno para que el Gobierno perdiera las elecciones. ¡Toma ya! Lo malo es que el ex comisario general de Seguridad Ciudadana, Santiago Díaz Cuadrado, haya entrado en la Comisión de Investigación como un elefante en una cacharrería, con su otra verdad, la amarga verdad del funcionario que no le debe nada a nadie. Esto es, que él nunca pronunció la palabra que el Gobierno del PP necesitaba oír desesperadamente, «Titadyne». O sea, que esa salvadora palabra nunca pudo escucharse porque nunca fue pronunciada por quien técnicamente podía hacerlo. Tan sólo fue una verdad complaciente transmitida por el ex director general de la Policía, a su angustiado jefe político, el ex ministro Acebes. Dos mensajeros, pues, y una sola realidad: la mentira del PP que fue, sin duda, más que ninguna otra cosa, lo que le llevó a perder las elecciones.