Terminator y Traitor

| JOSÉ RAMÓN AMOR PAN |

OPINIÓN

14 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTA SEMANA tuve la dicha de que mi amigo René Zamora, intensivista y director del Centro de Bioética Juan Pablo II de La Habana, hiciera una parada en Santiago de Compostela en su regreso a Cuba después de asistir en Roma a una importante reunión internacional. Conversar con él es siempre un placer, porque une a su erudición la experiencia acumulada de la vida y porque tiene una mirada de horizontes amplios. Las actividades de su centro, especialmente la biblioteca (probablemente una de las mejores del país, si no la mejor), están abiertas a todo el mundo: practica en verdad la esencia de la bioética, el ser puente entre culturas, ideologías y creencias, con un talante abierto e integrador. Consiguió arrancarme la promesa de ir el próximo año allá para impartir un curso, aunque, todo hay que decirlo, no le costó mucho esfuerzo: con sus luces y sus sombras (a lo mejor habría menos sombras si no existiese bloqueo), Cuba tiene un encanto especial que hace que volver allá sea siempre delicioso. Cuando volví a casa, ya tarde, mi cabeza andaba a cien, dándole vueltas a tantas ideas como habíamos tenido ocasión de comentar. Como no me cogía el sueño, y ya que estaba en onda cubana, opté por hojear Bioética para la sustentabilidad , magnífico ejemplo de colaboración trasnacional: concebido y coordinado desde Cuba por el Dr. José Ramón Acosta, impreso en Colombia, con financiación europea, presenta una perspectiva bioética integradora, transdisciplinar, multicultural y comprometida de la mano de un grupo de autores de varios países. Mis ojos aterrizaron en Terminator y Traitor: la primera consiste en una modificación genética que hace estériles las semillas después de la primera cosecha; la segunda, devuelve la fertilidad a las semillas si se utilizan inductores químicos producidos por la misma compañía que te vende las semillas. Son ejemplo de la escasa voluntad de las compañías biotecnológicas por resolver los problemas alimentarios de la humanidad y de su vocación de sometimiento a una total dependencia de agricultores y consumidores. ¿No estamos ante una manipulación comercial? Poderoso caballero es Don Dinero. Por otra parte, la humanidad conoció el accidente de Chernobyl al poco de producirse. Tal vez tardemos décadas en percatarnos de los efectos a largo plazo de un accidente biotecnológico, y ya entonces podría ser tarde para conjurar una catástrofe ambiental.