ES DE AGRADECER que los augures de la quiebra del vínculo transatlántico hayan abandonado su pasión por verlo hecho trizas. Lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, sus adalides han dejado de atiborrar páginas en libros y periódicos, quizá convencidos de los errores de sus expectativas, que los habían llevado a creer que había una alternativa real para ese vínculo. La verdad es que no la hay. Lo real es que los lazos que unen a Estados Unidos y Europa son muy estrechos, y probablemente lo serán todavía más en el futuro. Como bien advirtió el economista y experto en relaciones internacionales Joseph Quinlan, de la Universidad John Hopkins (EE. UU.), la economía transatlántica es sólida, crecientemente sólida, y el futuro para europeos y americanos está en seguir trabajando juntos en esta dirección. Una vez más tiene sentido recordarles a los políticos (Bush, Chirac, Schröder, etc.) que, por encima de cómo se lleven entre sí y de cuáles sean sus simpatías o antipatías mutuas, está la determinante realidad económica. Y recordarles que, hace tan solo un año, cuando más impulsaban la tensión transatlántica, hablando incluso de riesgos de confrontación o de ruptura, más crecía la inversión de capital estadounidense en Europa y de Europa en EE.UU. ¿Acaso no merece esto una reflexión? Joseph Quinlan lo tiene claro: «No existe en el mundo una relación económica más importante que la que mantienen Estados Unidos y Europa. Es una economía crucial para EE. UU., para Europa y para la economía mundial». Dicho en otras palabras, la prosperidad de EE. UU. en el exterior no reside en China o en México, sino en Europa. Y la de Europa en el exterior no está en Rusia o en Iberoamérica, sino en la enorme capacidad de importación de Estados Unidos y en el cada vez mayor numero de empresas europeas que invierten allá. No se trata de ser anti o pro euroamericanista. Se trata de no ocultar realidades constatadas que miden el arraigo y la integración de ambas economías, por más que no respondan al mismo modelo social ni de política internacional. A pesar de ello, y a pesar de los políticos, el vínculo goza de buena salud.