Como cada lunes

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

LA INSENSATEZ no se ha cogido vacaciones. Lo hemos comprobado ayer mismo, como lo hacemos cada lunes, en las páginas de este periódico. Quince menores de 26 años perdieron la vida en un solo día en las carreteras españolas. Tres de ellos en Galicia. Pero pudieron haber sido más. Según los controles preventivos voluntarios en cuatro municipios, 400 jóvenes superaron la tasa de alcohol permitida para conducir. Juventud, alcohol, noche y automóvil es una de las combinaciones más letales que se pueden realizar. Lo sabemos desde hace tiempo. Y no por ello deja de ser una de las más habituales. Si los peligros al volante son casi siempre culpa de la imprudencia, cuando se aderezan con alcohol nos sitúan ante una catástrofe previsible. Y esto resulta ya inevitable los fines de semana en los que las noches se enlazan con el amanecer. Estamos ante un problema de difícil solución. Porque según una reciente encuesta, el 53% de los adolescentes asegura no tenerle miedo al alcohol y el 14% reconoce que conduce bebido con frecuencia. Los resultados son los que ya conocemos. Los accidentes de tráfico suponen la primera causa de mortalidad entre los jóvenes de 18 a 24 años. O lo que es lo mismo. Los jóvenes causan seis de cada diez accidentes en fin de semana y el 30% el resto de los días. Con este panorama debían de haber saltado todas las alarmas. Pero no. Aquí nos dedicamos a perseguir hasta la tumba a los fumadores y nos cruzamos de brazos ante los que van sembrando la muerte por nuestra geografía. Aquí hacemos tibias campañas contra el consumo del alcohol y otras más agresivas y efectivas de las noches de juerga. Aquí nos consolamos con la «mala suerte» y el «vaya desgracia» y le compramos un coche al niño para que vuele. Todos somos cómplices. Aunque cada lunes al levantarnos lo lamentemos. Información en las páginas 2 y 3