Afganistán, ¿por qué?

| GONZALO PARENTE |

OPINIÓN

10 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE la expulsión del régimen revolucionario de los talibanes, en diciembre de 2001, el país de los afganos constituye la cuestión pendiente del plan de estabilización de Oriente Medio; aunque la verdadera raíz del conflicto es el enfrentamiento árabe-israelí que no tendrá solución hasta que Palestina tenga su Estado nacional; de momento, el plan más inmediato es la pacificación de Afganistán. Este país de 22 millones de habitantes, con un Gobierno provisional aceptado por la comunidad internacional, está entrando en una fase crítica, por lo que necesita el apoyo exterior para realizar unas elecciones generales. Para ello habrán de enviarse refuerzos militares y de organizaciones civiles, además de asistencia económica, que les facilite el organizar las elecciones generales. Así, se necesita crear un ambiente de seguridad que no existe ahora más que en la región de la capital, Kabul, controlada por las fuerzas de la OTAN. El plan para un Afganistán seguro requiere la expansión de las zonas protegidas por las fuerzas internacionales al ámbito rural. Está previsto que la OTAN ceda el control de esta misión a las fuerzas del Eurocuerpo, en donde se encuadran unidades del Ejército español. Por otro lado el Gobierno afgano ya dispone de un pequeño ejército de diez mil soldados, además de una fuerza de policía importante. Ahora, el centro de la atención internacional volverá a centrarse en Afganistán. Ésta será la prueba de fuego de que el sistema para la estabilización política de unos países islámicos puede funcionar, aunque signifique una operación de alto riesgo y de difícil solución. El apoyo al Gobierno de Afganistán para que pueda organizar las elecciones en una pseudo democracia es imprescindible, porque tendrán que desarmar previamente a las milicias islamistas y a los señores de la guerra, que basan todo su poder en el control del lucrativo negocio del cultivo y comercio del opio