Apoteosis de ZP

OPINIÓN

NO SE PUEDE decir que el último congreso del PSOE, celebrado este fin de semana, se haya caracterizado por las novedades o las sorpresas. Se anunciaba como un congreso tranquilo y ha resultado tranquilo y complaciente. En realidad fue, por encima de todo, el reconocimiento, hasta la apoteosis, de un líder que llevó a la victoria al PSOE y que hoy es el presidente del Gobierno de España. Un Rodríguez Zapatero sonriente y satisfecho que no dejaba de observar con cierto asombro el camino recorrido desde un ayer reciente, en el que muchos le auguraban una corta travesía, hasta un hoy brillante, de respaldo unánime y aplauso clamoroso. Ya dejó escrito Leopold von Ranke que «no hay nada más persuasivo para los hombres que el éxito». Y el éxito de Zapatero aconteció el 14 de marzo. Lo de este fin de semana fue su consecuencia natural y la escenificación de esa misma consecuencia o efecto. Pero Zapatero quiso que fuese algo más, y en ello estuvo particularmente acertado. Lejos de quedarse con el aplauso y mecerse en él, intentó con tenacidad proyectar la mirada de todos hacia un futuro de «cambio continuo», para conseguir representar «el socialismo de los ciudadanos», es decir, para lograr que el PSOE sea «el partido de la inmensa mayoría de los españoles». Un objetivo abierto e incluyente que está en su programa desde mucho antes de las pasadas elecciones generales. Para los gallegos, con José Blanco claramente reforzado (aunque Touriño no figure en la Ejecutiva), también ha tenido Zapatero un gesto elocuente, al pedir perdón por la actitud de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, respecto del Plan Galicia («Plan Galicia de mier...», para la impulsiva ministra de antepasados gallegos al parecer algo olvidados). Ni esto ha querido dejar tras de sí el presidente del consenso y el diálogo, que quiere serlo también de la firmeza. Y no es baladí que se haya referido al Plan Galicia llamándolo por este nombre, confirmando así que existe y que es reconocido como tal. En su reunión del próximo miércoles con Manuel Fraga todo puede y debe quedar más claro, más preciso. Es hora de saber de qué hablamos todos.