Cosas de Maleni

OPINIÓN

MAGDALENA Álvarez tiene un don especial para no importunar. Trabaja con discreción y, sobre todo, sin crear grandes hostilidades. Hasta sus biógrafos amables reconocen que la ministra destaca por su tozudez y estilo directo. Y están en lo cierto. Por eso Maleni, como le llaman sus íntimos, se ve obligada a pagar con frecuencia esas aptitudes. Estos días Maleni está siendo víctima de furibundos ataques. Sin razón, pero furibundos. Todo porque se le ha ocurrido hablar del «Plan Galicia de mier...», que no es una expresión desacertada, sobre todo teniendo en cuenta a dónde va a llevar ella el dichoso plan. El único error de Maleni, si es que cometió alguno, es haber dicho en público lo que piensa en privado. Que vamos a tener un «Plan Galicia de mier...». Que no se trata de ninguna sandez porque ya nos habíamos hecho a la idea de que tiene más de eso que de realidad. Pero aquí tenemos la mala costumbre de sorprendernos por nimiedades. Nos hemos hecho mayores a base de batacazos y no aprendemos. Somos incapaces de abrir los ojos ante lo evidente. Desde que Maleni llegó a Fomento nos dijo por activa y por pasiva lo que piensa del plan, de Galicia y de los gallegos. Y los gallegos no vamos ahora a recordarle que dedicamos parte de nuestros ahorros a subvencionar sus viajes, vacaciones, caprichos y estudios del niño, porque sería de un pésimo gusto. Tampoco le vamos a decir que tiene razón cuando habla del «Plan Galicia de mier...», porque eso es lo que corresponde a un ministerio y a una ministra de ídem. La culpa no es de Maleni por ser sincera. La culpa es nuestra por perdonar mal la espontaneidad y la simpleza. El Diccionario de la Lengua define la palabra magdalena como «mujer penitente o muy arrepentida de sus pecados». Por lo visto, debe de estar equivocado el diccionario.