La soberanía iraquí

OPINIÓN

EL MODO en que se hizo el traspaso en Irak retrata la situación: dos días antes de lo previsto, de noche y sin publicidad. De este modo tan poco brillante recuperó formalmente este país su soberanía el pasado lunes. Se daba así lo que todo el mundo consideraba un paso indispensable, aunque se teme que insuficiente, para encaminar la posguerra iraquí hacia un puerto más seguro que aquel en el que permanecía en un continuo empeoramiento. El duro «procónsul» Paul Bremer ha regresado a Estados Unidos y el Gobierno provisional iraquí, con todas las limitaciones de soberanía que lo condicionan, empieza a tomar sus primeras decisiones para enfrentarse a una situación enconada que muy difícilmente remitirá en breve. Al final, EE. UU. se ha plegado a lo que muchos venían pidiendo desde el comienzo de la posguerra: la iraquización de la solución. La testarudez de Bush y los pésimos análisis de algunos hombres del Pentágono (Rumsfeld, Wolfowitz y compañía) sembraron el territorio de bajas, con la progresiva conversión del país en un ensañado avispero. Ahora, aunque tarde, se ha avanzado hacia lo que parece (y puede ser) una luz al final del túnel: un Gobierno propio que se presenta comprometido con la lucha antiterrorista y con la recuperación económica. Es verdad que Bush no ha logrado que la OTAN se implique con determinación en el conflicto. La Alianza Atlántica parece decidida a no ir más allá de un compromiso de ayuda a la formación de los nuevos militares iraquíes. Y, aunque todos coinciden en que la devolución de la soberanía era el paso previo e indispensable para cualquier planteamiento esperanzador, nadie (ni Francia ni Alemania, por supuesto) tiene el menor deseo de aterrizar en la ciénaga resultante. Lo cual plantea serios problemas porque es difícil conciliar la idea de querer el bien de Irak y a la vez no estar dispuestos a correr ningún riesgo para lograrlo. Todos debieran repasar la situación. Si fracasa el actual Gobierno y no hay una transición con respaldo electoral, estaremos ante una inestabilidad muy duradera que contagiará toda la zona. Es la hora de prevenir.