ES CURIOSO. Aunque no simpatices con un líder político, te identificas con él cuando está en el extranjero. En ese momento no se llama Aznar ni Zapatero. Es el representante de tu país. Supongo que es el mismo fenómeno psicológico del fútbol: te importa un pimiento que la selección se clasifique; pero una victoria es tu victoria, y una derrota es tu derrota. Por eso, ayer, al ver la foto de Rodríguez Zapatero buscando su sitio en la reunión de familia de la OTAN, noté un cierto sentimiento de complicidad. También de duda: ¿cómo se sentirá un hombre que hace algo más de tres meses estaba condenado al frío de la oposición y ahora se disponía a posar para una foto que daría la vuelta al mundo? Supongo que ya estará hecho a la idea. Este viaje a Turquía hizo el número 12 de sus salidas al extranjero. Antes de ese escueto «¿qué tal, George?» con que saludó a Bush, había sostenido 43 entrevistas bilaterales con otros tantos dirigentes o misiones extranjeras; casi una diaria. Aunque nunca llevemos esas estadísticas, ha hablado más con líderes de otros países que con políticos españoles ajenos a su partido. Y eso significa que ser presidente del Gobierno en la España de hoy es dedicarse más a las cuestiones internacionales que a la política interior. La experiencia de gobierno de Rodríguez Zapatero está siendo como un curso acelerado de relaciones externas en dos meses. De momento, nuestro presidente conserva una importante dosis de capacidad de ensoñación, por no decir de ingenuidad internacional. Su discurso ante sus compañeros de la OTAN ha sido el mensaje de un poeta ante matemáticos. Porque sólo a un poeta, capaz de imaginar un mundo donde los poderosos respetan los derechos humanos, se le ocurre invocar ante el mismísimo Bush el trato que reciben los prisioneros de Guantánamo o las torturas de las cárceles de Irak y propugnar que Occidente no pierda nunca su «alma democrática». Y sólo a un poeta se le ocurre decir en el plenario de una organización militar como la OTAN que el terrorismo no se combate con acciones militares. ¿Qué habrá pensado tan distinguida audiencia del pensamiento de nuestro presidente? Quizá hayan entendido mejor por qué nuestro país decidió retirarse de Irak. Alguno quizá haya dicho para sus adentros: he aquí un tipo que se atreve a decir en público lo que yo pensaba. Algún otro habrá descubierto la coherencia del hombre que lleva a tan alto escenario lo mismo que dice en España. Y no habrán faltado los que le hayan llamado ingenuo, porque el señor Bush no tiene aspecto de ser indulgente con quien emite ese tipo de censuras a su labor. Lo que ignoro es cuál de las tres opiniones habrá sido la dominante. Se admiten apuestas.