25 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El cineasta Michael Moore, el enfant terrible de los filmes documentales, ataca de nuevo. Y esta vez lo hace frontalmente contra el presidente Bush. Su obra Fahrenheit 9/11 , que ayer se estrenó en EE.UU. y que el 25 de julio se presentará en España, es la respuesta de un hombre enrabiado que ha decidido tomar partido sin excusas ni disimulos, abiertamente, contra el actual inquilino de La Casa Blanca. Pero, eso sí, con su verdad por delante y dispuesto a pleitear con todos aquellos que osen negar la autenticidad de los documentos que presenta. El hombre que triunfó con Bowling for Colombine , mostrándonos al final a un patético Charlton Heston, presidente de la Asociación Nacional del Rifle, que se retiraba dentro de su propia casa incapaz de responder a sus preguntas (quizá un Heston más joven le hubiese pegado un tiro en el trasero), se ha convertido ahora en un combatiente electoral que usa su arma cinematográfica para desalojar a Bush. Y no tiene el menor empacho en reconocer que éste es su objetivo, por encima de premios y de ingresos. Sin disfraces, en pleno año electoral, Moore se lanza contra el político que representa todo lo que dice no poder soportar más. A toda pantalla. Corrosivo e implacable.