Algo se mueve en Euskadi

MARÍA ANTONIA IGLESIAS

OPINIÓN

24 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO TODAS las miradas estaban puestas en la «bronca» entre el Gobierno y el PP a propósito de lo que nos hemos traído de Europa, de pronto una simple llamada telefónica ha desplazado el foco de la atención política (que la llamada opinión pública anda más preocupada con la declaración de la renta) hacia Euskadi. Una simple llamada telefónica que, a lo que se ve, no ha resultado tan simple. Muy al contrario, se ha revelado como una pieza clave en la delicada obra de ingeniería negociadora que Zapatero proyecta llevar a cabo personalmente en el ámbito de la política vasca. Una estrategia que supone, en primer lugar, un cambio radical en lo que se refiere a la política de gestos iniciada; sobre todo si se tiene en cuenta la nefasta herencia dejada por Aznar y su política de «tierra quemada» practicada en Euskadi en sus últimos años de mandato. Pero no se trata de un fácil cambio de actitud, de un acercamiento simbólico más o menos efectista lo que Zapatero se está planteando. A partir de esa simple llamada telefónica, el presidente del Gobierno se propone «doblar» al lendakari Ibarretxe, acercarlo a las posiciones del pragmatismo político, persuadirle de que dentro del Estatuto de Gernika todo es posible, y que fuera de esta realidad sólo habrá frustracion. Ese y no otro es el propósito del presidente del Gobierno con el fulminante e inesperado «desbloqueo» de importantísimas cuestiones, de reivindicaciones largamente planteadas por el Gobierno de Vitoria, y que dormían el sueño de los justos en los despachos del Gobierno de Madrid. La estrategia de disuasión respecto del plan Ibarretxe se ha iniciado, como no podía ser de otra manera: con dinero y competencias, que éste es un lenguaje fácil de entender por todo el mundo. Incluso en el complejo mundo de la política vasca. A destacar por su calado y por lo que traduce de fin de la etapa de la desconfianza y la rigidez en la política antiterrorista, la ampliación de los efectivos de la Ertaintza. Fue éste uno de los asuntos bloqueados por los gobiernos del PP en su perversa estrategia de arrojar un manto de sospecha sobre los nacionalistas acusados por el PP de connivente actuación con el terrorismo. Zapatero acierta de plano. Y no sólo porque el cambio de rumbo de la política de Madrid respecto a Euskadi no puede traer sino distensión y por lo tanto bonanza, sino porque se produce en el momento oportuno. El lendakari Ibarretxe quema los últimos cartuchos de su complicado plan y necesita saber a qué atenerse; que las cosas están cambiando mucho en el interior del PNV y que, como decía aquel baritono arruinado, «corren malos tiempos para la lírica». Y Zapatero lo sabe. Sabe también que en Euskadi ya ha comenzado con un año de anticipación la campaña de las elecciones autonómicas y que Patxi López, o sea, el PSE, va a por todas. Claro que eso también lo saben en el PNV. Y algunos en la cúpula del Buru Batzar no están dispuestos a renunciar ni al poder ni al plan Ibarretxe. En cualquier caso, lo que está claro es que algo se mueve en Euskadi.