ANDAN en Vigo y A Coruña con debates abiertos sobre los modelos de crecimiento urbano: denso y en altura o extensivo y en cuadrícula. Al mismo tiempo, se plantean qué hacer con su litoral, si debe ser industrial, financiero o residencial, cómo costear la inversión del puerto exterior de A Coruña y las nuevas infraestructuras de Vigo y con qué participación del sector privado, debido quizá a la característica escasez financiera de los ayuntamientos. Estos debates urbanos necesitan ser contextualizados, pues de lo contrario focalizan en una parte de la ciudad un interés inmobiliario excesivo y transmiten a la población una opinión economicista que calienta por adelantado el precio del suelo, relegando por lo general a un segundo plano la calidad del proyecto y la buena arquitectura. Hace más de cien años, respondiendo a las presiones económicas y demográficas, en las ciudades del este de los Estados Unidos de América se empezaron a construir rascacielos y a rellenar el litoral, aprovechando los avances de la tecnología y la liberación de grandes piezas de suelo debido a la implantación de un sistema de ferrocarril aéreo. Se hizo con una disciplina constructiva y funcional, con proyectos arquitectónicos de calidad y estudiando el perfil urbano desde la costa. El paradigma de este proceso tectónico es lo que Rem Koolhaas define como manhattanismo . Por ejemplo, Yamasaki, el autor de las torres gemelas, tuvo que presentar diez propuestas distintas hasta que el proyecto fue aceptado. Evidentemente, se trata de otra escala, pero ¿se va a operar en A Coruña y Vigo con el debido rigor en temas tan delicados? Para hablar de la ciudad total, la delegación viguesa del Colegio de Arquitectos, que preside Marián Leboreiro, ha dado un paso apreciable para que los profesionales se impliquen más en la opinión urbana. Partiendo de un interesante esquema preparado por Salvador Fraga, él mismo, José González Cebrián, director de la Escuela de Arquitectura, y yo, todos con cierta experiencia pública, hablamos largo y tendido de tres o cuatro cuestiones fundamentales, en un momento en que el tema ya no va tanto de leyes y reglamentos. Se comentó que sería necesario propiciar un cambio de rumbo en la práctica del urbanismo gallego, con amplio respaldo social y político, que permita articular fórmulas para intervenir en la ciudad y la metrópoli y facilite la cooperación y complementariedad entre las ciudades, con el acompañamiento de incentivos presupuestarios y fiscales para los municipios que se esfuercen por aplicar directrices territoriales protectoras del país. Y, al tiempo, opino que la Consellería debería poner toda la atención en la aprobación de los planes generales -parece que ahora se intenta-, fijándose no sólo en sus estándares ni en cuestiones jurídicas, sino también en la ordenación racional y sostenible de villas y ciudades. Mientras se ponía el sol tras las Cíes, consideraba que la ciudad de hoy está dividida, rota en sus bordes, sin esa belleza que Roland Barthes definía como la unidad de lo fragmentario . Por su dispersión, es económicamente insostenible. Eso sí, es más democrática y con mayor bienestar, y nosotros, agitados, nos movemos por ella sin ser capaces de conjugar crecimiento, racionalidad y estética.